martes, 11 de enero de 2011

Museos de cera: Nueva York

Repitiendo chiste

Creía que esta entrada ya la había hecho, pero parece que no. Lo cierto es que hace ya bastante tiempo de esto, pero me parecía injusto dedicar entradas a los museos de cera de Washington y Amsterdam sin hacer lo propio con el de Nueva York. Así que comienzo mi viaje con una foto de mi amigo Woody. Un chaval simpático aunque algo neurótico:

Por aquel entonces, oposiciones mediante, yo no estaba mucho más cuerdo.

Tras un rato de paranoide meditación me di un paseo y volví a encontrarme con un viejo conocido de Amsterdam, y rememoramos algunos temas cantando a capela.

¡Alfil Guz!

Pero de pronto me di cuenta de que me faltaba la cartera, y que alguien me la había sustraido en un despiste. Empecé a buscar por todo el museo y vi que Mick Jagger parecía saber algo, así que le interrogué de forma sutil:

¡Habla! ¿dónde está mi cartera?

Me dijo que habia visto a Jesse Owens correr de forma sospechosa, y aunque intenté capturarle, corría mucho, pese a su edad, y no fue tarea fácil.

¡Owens!

Me había quedado sin dinero, así que fui a ponerle ojitos a mi amiga Salma, a ver si me podía echar un cable.

Y si cae algo, eso que me llevo...

Con Salma no tuve mucha suerte, pero sí con la cartera, ya que descubrí que nunca llegué a perderla, sino que estaba en el forro de la chaqueta. Era importante porque dentro necesitaba dinero para sobornar al protagonista de la siguiente foto:

Ya sabes Frank, algo discreto.

Pues sí, Frank Sinatra era el único que podía darme la información que necesitaba. Información que había conseguido gracias a sus contactos con la mafia, y que me llevó a uno de los periodistas más importantes del edificio.

La kriptonita es mala porque es verde.

Y de un hombre que podía volar, nos vamos a un hombre al que también le gustaba volar... ciudades.

Toma George, una galletita salada.

En efecto, ese era el propósito de mi viaje. No pensaba asesinar al presidente de los EEUU pero nada había dicho del expresidente, y dado que había desoído mis solicitudes de nuestra última reunión, había que tomar medidas. Saladas medidas.

¡Agh, es Ghandi!

Pero de armas de destrucción masiva iba el asunto, y al salir nos topamos con el peligroso Ghandi, y su secuaz Juan Pablo II. No es fácil explicar cómo sobreviví al encuentro, así que no lo haré.

Y así es como lo hicimos, George.

La velada acabó con un amigable café con nuestro amigo George Clooney. Hubo más fotos, y más gente famosa, pero tampoco es plan de saturar la entrada.
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