viernes, 22 de marzo de 2013

Los monos y los plátanos

 
No es por ti, plátano, es por mí. Tengo hambre y necesito potasio.

Una historia sobre un experimento de etología que oí hace mucho tiempo, y que pese a tener medio olvidada, me suele gustar traer a colación.

Se meten 6 monos en una jaula, y en el centro de la misma hay una escalera. Esta escalera permite acceder a un apetecible racimo de plátanos que cuelga del techo. Como es natural, no pasa mucho tiempo antes de que uno de los monos muestre su interés por los plátanos y se acerque a la escalera. Para sorpresa de los macacos, en cuanto uno de ellos pone el pie en la escalera, los monos son rociados con desagradable agua helada. Si un segundo mono intenta acceder a los plátanos, vuelve el chorro de agua fría.

Nótese que el agua fría castiga no solo al valiente que se acerca a la escalera, sino a todos los demás, por lo que al de unos cuántos intentos, la consecuencia es que si uno de ellos se acerca a la jaula, es civilizadamente apalizado por los demás.

Ahora probemos a sacar un mono de la jaula, y a poner uno nuevo en su lugar. Lllamémosle "Mono 7" Este mono desconoce por completo el funcionamiento de la escalera, por lo que en cuanto ve el aparentemente delicioso racimo de plátanos, se abalanza sobre la escalera. Pero como los demás monos no tienen entre sus planes ser rociados nuevamente con agua helada, aplican al novato una acción preventiva. El mono novato ha sido apalizado, pero ellos se han librado del chorro.


"Será algún tipo de rito de iniciación", piensa Mono 7. Así que, ni corto ni perezoso, vuelve a dirigirse a la escalera de los plátanos. No sorprende descubrir que su segundo intento de hacerse con los plátanos es recompensado con una nueva paliza, por lo que el desafortunado primate llega a la conclusión de que lo que provoca la paliza es acercarse a los plátanos.

Otro mono es extraído de la jaula, y es reemplazado por uno nuevo, "Mono 8". ¿Qué hace Mono 8? ¿Pues qué va a hacer. Teledirigido a por los plátanos. Pero como todos sabemos que va a pasar, los monos veteranos (y Mono 7, que se une a la fiesta) le dan la del pulpo al pibre Mono 8, hasta que este entienda que acercarse a la escalera implica castigo físico. Es conveniente recordar que Mono 7 no sabe lo del chorro del agua helada, pero sabe que el castigo por acercarse a la escalera es ese, y con eso le basta.

El experimento continúa, sustituyendo monos veteranos por monos nuevos. Y siempre se repite la misma operación. Viene un mono, se acerca a la escalera y le dan de hostias. Así hasta que no queda ninguno de los monos de la primera promonoción. Todos tienen claro que al que se acerque a la escalera hay que molerlo a palos, nadie sabe por qué, pues ninguno ha sido rociado con agua helada. Pasarán generaciones enteras de monos, y nadie se acercará a la escalera.


Se ha establecido una regla: "Está prohibido subir por la escalera y quien lo intente se expone a una represión por parte del resto del grupo".


Sería interesante ver cuántas escaleras de plátanos tenemos en la sociedad humana, y plantearnos que toda norma tiene su porqué.
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