jueves, 3 de abril de 2014

Imbéciles en la noche: censura y rol

Franco estaría orgulloso.

Aún a caballo entre la estupefacción y la indignación, no tengo muy claro por dónde empezar el relato, así que pondré en antecedentes:

Dentro de unas semanas se organizan unas jornadas de rol en un municipio al que llamaremos Pleasantville, y a la lista de pegas y trabas que este ayuntamiento está poniendo a los organizadores del evento (esto solo lo diré una vez: estoy usando el plural neutro), ahora tienen a bien decir que el programa les parece sexista y que muchas de las actividades han de ser revisadas, para adaptarse a sus preferencias de uso no sexista del lenguaje (concepto que hace que me hiervan los hígados y demás vísceras), y quejándose también de que la mayoría de las actividades propuestas están protagonizadas por personajes masculinos.

Esto ha llevado a que en aras a eso que llaman lenguaje igualitario (y que muchas veces choca con lo que yo llamo lenguaje gramaticalmente correcto) ha habido que "adaptar" los títulos o sinopsis de algunas actividades, lo que implica una de mis partidas de rol en vivo, "Extraños en la noche", para evitar problemas.

Son los años de amistad que me unen a los organizadores del evento, y el saber que esto no viene de ellos sino del Ayuntamiento lo que me ha separado de cancelar mis actividades y decir "si queréis un vivo a vuestro gusto, escribidlo vosotros". En su lugar, he decidido reducir la sinopsis a su mínima expresión. Y me toca los cojones, porque es la primera vez en 14 años que llevo escribiendo rol, que alguien me censura por cuestiones políticas.

La sinopsis del vivo es la siguiente:
Un sábado cualquiera en casa de la peculiar familia Night, en su acogedora vivienda unifamiliar en Pleasantville. El delicioso pavo que con tanto mimo ha preparado Aurora humea en la mesa para deleite de su marido Larry, que bromea con su mejor amigo Julian Sanders sobre los últimos resultados deportivos. En la cocina Michelle, la esposa de Julian, ayuda a Aurora a dar los últimos toques al postre. Trevor Night, el patriarca de la familia, valora positivamente la botella de bourbon que ha traído el señor Tanaka, jefe de Larry y Julian, mientras que su hijo Mickey gruñe por tener que dejar de leer el periódico para abrir la puerta cuando suena el timbre. 

¿Es esto sexista? A mi juicio no, y a juicio de las jugadoras que lo han jugado tampoco.  Alguien puede decir "tío, eso de que las mujeres estén en la cocina y los hombres en el salón es bastante sexista". Claro, puede decirlo, y yo puedo decir que no se trata de lo que parezca, sino de lo que realmente sea, de que una cosa es la situación que originalmente plantee la historia, y otra muy distinta lo que pase. Porque es irrelevante para la partida que empiecen en la cocina, en el jacuzzi o en un frontón. Se presenta esa situación porque se trata de que tiene que parecer que es un modelo de familia convencional televisiva para que tenga sentido el posterior vuelco de la trama que da sentido a todo. Pero claro, mucho mejor que informarse, está el criticar sin saber. Mucho mejor juzgar un libro solo por la tapa.

Y no solo me toca los cojones haber tenido que retocar la sinopsis a un ecléctico "Gente cenando en casa, suena el timbre", sino que me fastidia que se insinúe, aunque sea de pasada que hay algo de sexista en ese vivo. Porque no lo hay, y emplazo a cualquiera que opine lo contrario a leerlo, o a hablar con sus jugadores para ver que no lo hay. Especialmente porque hay unos cuántos personajes en los que es completamente irrelevante que los interprete un jugador o una jugadora.

Y ahora, para evitar todo tipo de suspicacias, procedo a poner la verdadera sinopsis políticamente correcta del vivo.

Un día cualquiera (si fuera sábado, corremos el riesgo de caer en tópicos antisemitas) en casa de la peculiar familia Night (peculiar evoca disfuncional y es discriminatorio, claro), en su acogedora VPO en Pleasantville. El delicioso pavo de tofu (no se me vayan a ofender los vegetarianos) que con tanto mimo han preparado en equipo humea en la mesa para deleite de Hamid (era intolerable que no recogiera más minorías étnicas), que bromea con su novio y amigo Mamadou (no había homosexuales, se me puede acusar de homófobo) sobre los últimos resultados de cestapunta (hay que demostrar integración cultural). En la cocina Andoni, hijo adoptivo de Hamid y Mamadou, ayuda a sus aitas (no podía dejar de lado a los hijos adoptivos) a dar los últimos toques al postre. Trevor Night, uno más de la familia, valora positivamente desde su silla de ruedas (discapacitados, no los puedo discriminar tampoco) la botella de zumo recién exprimido (hacer apología del alcohol está feo) que ha traído Esmeralda Jiménez, amiga gitana de Hamid y Mamadou (etnia calé, otra gran olvidada), mientras que su hija Alazne, recién salida del centro penitenciario de Nanclares de la Oca (no diré qué partido está en el Gobierno de Pleasantville, pero seguro que esto le gusta mucho) gruñe por tener que dejar de leer el Gara para abrir la puerta cuando suena el timbre.

Puede que haya quien encuentre este texto ofensivo, pero más ofensivo he encontrado yo el tener que adaptar mi partida por motivos absurdos. Soy un firme defensor de la igualdad, y estoy completamente en contra de todo tipo de discriminación por motivos de sexo, nacionalidad, raza, religión o equipo de cricket, y eso no va a cambiar. Pero ese no es el camino. Y menos en esas jornadas, donde en 10 años que llevo yendo jamás he observado ningún tipo de conducta sexista ni en organizadores ni en participantes y donde la organización está compuesta por hombres y mujeres en una proporción que si no es equitativa, se acerca bastante.

Y ese no es el camino, porque produce el efecto contrario: rechazo.
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