Aquí toca el inevitable chiste rancio sobre haber visto las 136 anteriores.
A causa de unos disturbios producidos en París en diciembre de 2018, un chaval que no se había metido con nadie termina hospitalizado y gravemente herido (imposible no acordarse del caso de Iñigo Cabacas) y la inspectora Stéphanie Bertrand de asuntos internos tendrá que averiguar si ha habido ahí alguna mala praxis, además de tener que lidiar con sus propios temas personales y ver en qué medida esto le afecta.
Esta es sobre todo una película sobre investigación policial que, al menos en apariencia, parece muy bien hilada. Recordaba en cierto sentido a la magistral Line of Duty, en cuanto a su versolimilitud y la manera de ir avanzando en el caso y en lo delicioso de sus interrogatorios, que quieres que no se terminen nunca.
Es también una película que se presta a la reflexión, ya que toca el complejo tema de quién vigila a los vigilantes y de las dificultades que presenta no solo enfrentarse a un gremio tan corporativo, sino lo impopular que puede resultar entre ciertos sectores que se ataque a quienes considera (a veces incluso con motivo) sus héroes.
Por otra parte, también es una película cuyo final puede resultar y ser descorazonador, sobre todo por verosímil. Porque en la vida real, por desgracia, también pasan estas cosas.
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