lunes, 13 de julio de 2026

The Witcher 3

Gerardo el Magias.

Estamos ante uno de los videojuegos más famosos de su género y que además lleva 11 años en el mercado y ya se ha ganado su propio hueco en la cultura popular, de manera que hacer un análisis sería una tarea absurda. Anda si no habrá cientos de páginas y vídeos haciéndolo. Pero como es el juego al que he dedicado bastantes horas desde que lo empecé, allá por navidades, sí me apetece hablar un poco de él.

Por si queda alguien viviendo en una isla desierta, The Witcher es la adaptación a videojuego de la saga literaria del polaco Andrzej Sapkowski que nos presenta a Geralt de Rivia, un brujo que va de aquí para allá matando monstruos y desfaciendo entuertos. Como su nombre indica, hubo otros dos antes pero el pelotazo lo pegó con el tercero.

Es un RPG de mundo abierto, de esos a los que hay que meter muchas horas. Pero está muy bien logrado, ya que nos da un mundo vivo, con muchos personajes bien construidos y un sinfín de historias secundarias que se salen del manido "recogeme diez flores de cada tipo". La historia te da mucha libertad y puedes incluso influir en las relaciones del protagonista con los personajes que se va encontrando por el camino, con posibilidades de amistad, odio, alianzas o romances de una noche.

Lo que Geralt no mata se lo folla.

Es un juego que tardé mucho en empezar porque me daba pereza, pero sabía que estaba hecho para gustarme. La ambientación está logradísima y la parte jugable me encanta. Un combate dinámico y que consigue ser trepidante sin necesidad de complicar la vida a un jugador (en este aspecto, la excelente banda sonora ayuda muchísimo), un montón de posibilidades de mejora del personaje, con armas, armaduras, capacidades que ganamos con la experiencia... Te da una libertad que hace que sea divertido meterte por cualquier andurrial a ver qué te encuentras, ya que lo mismo te emboscan unos monstruos que aparece un personaje extravagante con una misión secundaria que no te esperabas. Un mundo que no solo es grande sino que es variado, con zonas que son esa Europa medieval de lluvia barro y guerra perenne, islas de vikingos o un florido reino de caballeros andantes y princesas.

Lo que sí hay que tener en cuenta es que el juego es muy largo. Ya solo ir a machete a por la historia principal pueden ser unas cuántas horas, pero es que además de las secundarias hay dos DLCs, que esos todavía no me los he acabado, que fácilmente pueden duplicar la vida útil del juego.

Por si esto fuera poco, también nos meten el Gwent. Un minijuego de cartas, muy en la línea de los Final Fantasy de la era de la Playstation, que tardó en entrarme pero que en su simpleza es adictivo y no es raro dedicar sesiones enteras a ir retando a todo el que te encuentras para robarle sus cartas. 

Ese combazo no lo hago ni borracho.

No mentía mi instinto cuando me dijo que este juego es para mí, y debo decir que pese a tener más de diez años no se le notan ni un poquito las arrugas. Tanto en el tema gráfico como en la jugabilidad sigue siendo una propuesta muy a tener en cuenta.

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