sábado, 30 de abril de 2016

El libro de la selva

Actualizados a los nuevos tiempos.

Una película que no me llamaba demasiado y una sorpresa muy agradable. Fui ayer a ver este remake de "El libro de la selva" y difícilmente pude salir más encantado. Coge la película clásica de animación de Disney y la traslada a un mundo de animación+imagen real, dando un aspecto más realista a los animales y, dentro de lo que cabe, a la historia.

Lo que sin duda destaca de la película es el apartado técnico. Los animales están tan perfectamente generados que en ocasiones resulta difícil de creer que no sean animales de verdad actuando, y está muy bien el elenco de animales secundarios, muy simpáticos todos ellos. Aunque en esto la palma se la llevan los lobeznos de la manada de Mowgli, que eran auténticos peluche, claro. O el elefantito.

Y llegamos a una parte importante de la película, pues no hay que olvidar que esto es una actualización que hace Disney de uno de sus clásicos: las canciones.

¿Hay canciones? Sí, las hay. No es una película que esté precisamente repleta de ellas, pero sí respetan, más o menos los dos emblemáticos momentos de la canción de Mowgli con Baloo y la canción del Rey Louie (que aquí pasa de ser un orangután con corona a ser un enorme gigantopiteco). Las letras un tanto cambiadas, y muchas de las escenas también (eché en falta el "plátano Baloo" o el momento "Baloo bailarina"), pero son sacrificios que se hacen en aras a, lo que mencionaba, una estética más seria y "creíble". Pero bueno, han respetado esas dos canciones, así que se lo perdono.

El final, que tampoco es plan de contarlo aquí, también es distinto, pero resulta completamente Disney, y al fin y al cabo, tampoco el de la película anterior era como en el libro, así que tampoco puede haber mucha queja.

Me ha gustado mucho, y ha sido capaz de recuperar a la insidiosa y seductora Kaa, al terrible e imponente Shere Khan, al perturbador rey Louie, a la sabia y venerable Bagheera y al que siempre fue mi favorito, el simpático y leal Baloo.

¡Pero echo de menos a los buitres-Beatles!

viernes, 29 de abril de 2016

Euskovision

Así mejor.

No soy ni he sido nunca particularmente nacionalista, pero entre mis defectos sí que está el de ser vasco, y por eso me siento francamente ofendido ante el ataque tan gratuito y ridículamente perpetrado por la organización de Eurovisión contra la bandera [nacional/autonómica] vasca (cada uno que elija la opción que desee), la Ikurrina.

Estos señores han tenido a bien disponer una normativa sobre qué banderas se pueden portar y qué no entre el público que acuda en directo a ver Eurovisión, lo que me parece muy libre y muy lícito. Las normas gustarán o no, pero el evento es suyo y se lo follan cuando quieren. Las normas son estas.

En ellas da una serie de pautas (bastante draconianas, por cierto) sobre qué banderas se pueden usar y cuáles no, y entre otras cosas excluye banderas regionales, banderas con mensajes políticos o comerciales, banderas ofensivas o banderas con mensajes que no estén en inglés (manda cojones que en Suecia no puedas poner un cartel en sueco, por cierto). Las normas son esas y están más o menos claras, y al que no le guste, no le obligan a ir.

El problema es cuando acto seguido, después de haber explicado las normas, añaden un anexo en el que prohíben específicamente algunas banderas, como la del grupo criminal Daesh (al que elevan a la categoría de "nación") o... la Ikurrina.

Insulto gratuito: definición gráfica.

Como vasco me siento francamente ofendido porque metan la Ikurrina en el mismo saco que la bandera de un jodido grupo terrorista. Y esto no es un tema de nacionalismos, que me permito recordar que es la bandera autonómica, y con validez plenamente oficial en España.

Oh, sí, claro, se cubre las espaldas diciendo que la lista no es exhaustiva. Pero el caso es que menciona esas. Imaginen un cartel que pusiera "prohibida la entrada a toda persona no autorizada, a criminales convictos y a Jokin". Llámenme raro, pero me lo tomaría mal.

Además, digo yo, ¿qué necesidad había de meterse en semejante jardín? La Ikurrina, como bandera autonómica que es, ya estaba dentro de los supuestos de prohibición de las normas generales. ¿Era necesario insultar de esta manera a más de 2 millones de personas? ¿O es que en pleno 2016 sigue habiendo subnormales que cruzan las dos neuronas y hacen el silogismo "vasco igual a terrorista"?

Pero lo mejor es que son tan ineptos que prohíben expresamente la bandera vasca...

Y no la de ETA.

jueves, 28 de abril de 2016

Toro

Mucho mugido para tan poca cornada.

Como buen fanboy suyo que soy, la presencia de Luis Tosar me suele arrastrar al cine a ver sus películas, incluso aunque estén protagonizadas, como ésta, por Mario Casas. A Casas hay que reconocerle que ha mejorado, que ya no es aquel croissant que daba vergüenza ajena en "Los hombres de Paco" y que a veces consigue actuar (de hecho, en sus andaduras con Álex de la Iglesia ha jugado a buen nivel), pero esta película, con hechuras de telefilme de acción de Antena 3 de sábado por la tarde, no es el caso, y toda la buena pinta que pudiera tener el trailer se diluye a medida que avanza la película. Divertida y palomitera sí es, pero a ratos un poco despropósito, con un exceso de clichés trasnochados y excesivamente previsible en algunos de sus momentos supuestamente climáticos.

Empieza más o menos bien, contando la historia de tres hermanos que trabajan de sicarios para un mafioso malagueño (y miembro de la sociedad de asesinos del Assassin´s Creed) y cómo uno de ellos, que se hacer llamar "Toro" decide dejarlo. Pero antes de que se retire dan un último golpe, en el que las cosas salen mal, uno de los hermanos muere, Toro va a la cárcel y López (Luis Tosar) se dedica a lo suyo, que es ser uno de los personajes de GTA V.

Parecidos razonables.

Cinco años después, Toro está con el tercer grado, a punto de salir de la cárcel del todo y hace una vida más o menos normal, con su trabajo y su novia jamelga (comprensible, es Mario Casas), y su hermano López (en adelante, Trevor) se está dedicando a estafar dinero al jefe (José "Ezio" Sacristán), que decide mandar unos sicarios a su casa, a pegarle una paliza y secuestrarle la hija, tras lo que Trevor decide pedir ayuda a su hermano, a quien lleva sin ver cinco años. Toro remolonea, pero acaba accediendo a la petición y decide ir a hablar con Ezio, a ver si hay alguna manera de llegar a un arreglo.

Hasta ahí, la película bien. En ese momento a Toro se le va la pinza y decide que la mejor manera de que le den la libertad condicional del todo es liarse a tiros y robar un coche, así que arma la marimorena y un par de disparos, patadas y coches volcados después, en una persecución con todos los clichés de las persecuciones de coches en Los Angeles, ya tiene a todo el crimen organizado de la provincia de Málaga detrás, y con la obligación de estar en la cárcel antes de las 22:00, o le riñen.

De ahí, a una sucesión de persecuciones, misiones de infiltración, venganza y sopapos en las que Toro todo lo puede (normal, es Mario Casas) y con tras una escena final, con aires de videojuego de los 90, que a gusto habría firmado el propio Mark Dacascos, llega el enfrentamiento final contra el Ezio, que es el malo, que además de ser inteligente y rico, es un experto en el uso de cuchillos, así que la pelea épica está servida, para solventarse con un, ejem, sorprendente, tjo, giro de guión.

GTA Andalucía

Y ya con la papeleta resuelta, con ambos hermanos reconciliados (es obligatorio en el género, que si empiezas odiando a un familiar y no queriendo ni saludarle, acabe siendo tu nuevo mejor amigo) y con el héroe de la película caminando hacia el sol. O en este caso hacia la cárcel, de donde por cierto no le deberían dejar salir en varios años, por su flagrante delito de quebrantamiento de condena, unido a varios homicidios, lesiones, allanamientos de morada, daños y diversas infracciones del Código de Circulación.

Pero no importa, pues es Mario Casas.

miércoles, 27 de abril de 2016

Tercer trienio

Tres tigres que ya no están tristes.

Hoy día de alegría en el trabajo, que no por esperada es menos bienvenida, pues este mes cumplo ya 9 años trabajando en la administración pública, lo que significa que veré reflejada en mi nómina una pequeña subida (que no es que sea muy alta, pero con los tiempos que corren, todo lo que sea sumar es bueno). Así que hoy me puedo sentir rico y poderoso, pues podré ir un par de veces más al cine al mes, o algo. Esa ha sido la pequeña alegría del día.

Eso sí, no me entiendan mal, que no quiero dar la impresión de ir a trabajar por dinero, sino por mi natal y abnegafa vocación por el servicio público que... ¿no cuela, verdad?

martes, 26 de abril de 2016

Redención: Los casos del departamento Q

Ægte detektiv

Interesante película policiaca danesa, hermana de Profanación, que nos presenta un nuevo caso del Departamento Q, un grupo de policías de Copenhague que tiene que resolver truculentos casos, propios del género de novela negra a la que pertenecen estas historias.

Desconozco si influida por Nic Pizzolatto o fruto de la coincidencia, Redención recuerda muchísimo a True Detective (y también un poco a La isla Mínima, por cierto), sobre todo con momentos en los que la pareja protagonista debate sobre religión y existencialismo en los ratos muertos que les deja la investigación que nace cuando un misterioso mensaje en una botella abandonada enlaza con el secuestro de unos niños en el contexto de una comunidad ultrarreligiosa.

Si ya su antecesora me gustó (ahora tengo ganas de ver la primera de las tres, "Misericordia") esta me ha gustado aún más, por lo que seguiré con atención, si las hacen, las futuras películas de los casos del Departamento Q.

lunes, 25 de abril de 2016

Bu 9.0

A ver cuántos aguanta.

Pues nada, oigan, que este blog cumple ya su tercer trienio. ¿Quién me lo iba a decir aquella mañana de 2007, cuando a punto de empezar mi nuevo trabajo en Vitoria decidí iniciar este proyecto?

Bueno, aquí seguimos, y con carrete para rato. Dentro de 365 días, si no se tuerce el tema, aquí estaremos celebrando su primera década. Que se dice fácil.

domingo, 24 de abril de 2016

Dragones, rosas y otras cosas

Adquisición de San Jordi.

Socorrido plan domingo del blog (que así me viene bien de cara al futuro, a modo de diario-semanario) que empieza el viernes, si bien casi podría empezar el jueves.

Lo digo porque lo más destacable del viernes (trabajo al margen) fue la partida de rol que jugué por la noche, de Star Wars, y digo lo del jueves, pues cosa que no hacía en mucho tiempo, el jueves también tuve otra, una descacharrante sesión rolera basada en la serie Rick&Morty.

El sábado por la mañana, pues tranquilidad y hacer las cosas de casa. Iba a haber quedado con los compis de teatro para excursión a sidrería, pero por temas de salud conyugal, hubo que cancelar.

A cambio, dimos una vuelta por la feria del libro, que pasada por agua quedó un poco menguada, y luego nos acercamos al mercado medieval de Uribarri, más grande de lo que pensaba, aprovechando para ver un rato a la gente de Arbolantxa. 

Hoy domingo, una vuelta por Arenal-Plaza Nueva por la mañana, y a la tarde una de cine, "Redención: los casos del Departamento Q", que ya criticaré a lo largo de esta semana.

Y aunque no he podido ver el partido, que jugaban fuera, alegría al ver la abultada victoria del Bilbao Basket, que siempre anima.

viernes, 22 de abril de 2016

Final Fantasy VIII

El Final Fantasy favorito de la gente a la que no le gusta Final Fantasy

Uno de los ejemplares de la era dorada de la franquicia, Final Fantasy es ese juego que lo odias o lo amas, ya que tiene el honor de ser el favorito de muchos pero también el más odiado por otros. 

Esto se debe, en gran parte, a que fue muy rupturista con lo de antes. Por primera vez rompía el molde, tan del género, de usar monigotes cabezones y los cambiaba por figuras estilizadas, más salidas de un dorama coreano que de lo que el público estaba acostumbrado a ver. Pero también introducía importantes cambios de jugabilidad, algunos de ellos muy criticados, como que no tuviera sentido "farmear" (deambular matando monstruos para conseguir experiencia) o que la magia hubiera que irla buscando por el mapa o extrayéndolo de los combates. Su historia, completamente culebronesca, también levantó odios y pasiones, con la historia de amor entre un adolescente emo hostiable y un espárrago anoréxico (que mi barrera de objetividad no permita ver mi opinión al respecto). A cambio, lo que verdaderamente era uno de sus puntos fuertes, ofrecía espectaculares escenas cinemáticas, que gráficamente eran pura gloria para su época (estamos hablando de finales de los 90), y una banda sonora a la altura de las mejores obras de Nobuo Uematsu. Y, cómo no, el juego de cartas Triple Triad, uno de los mejores minijuegos de la historia de los JRPG.

Esto era mejor que el propio juego.

En mi caso, aunque desde un principio me echó muy para atrás su estética, el trauma gordo ya lo había pasado con el FFVII (del cuál hablaré otro día), y aunque noté un bajón, fue mucho más gradual con respecto a quienes tienen a las aventuras de Cloud en los altares del RPG (opinión que desde luego no comparto). Le di una oportunidad, y por A o por B, no me disgustó del todo, y aunque había cosas que me rechinaban, y la historia principal no me terminaba de enganchar, pero sí tenía un "algo", no sabría qué decir, y sobre todo me gustó el ir por el mundo desbloqueando las invocaciones. Y el mencionado juego de cartas. La verdad es que nunca llegué a amar este juego, pero tampoco lo llegué a odiar tanto como otros.

Un emo sostiene un espárrago.

El caso es que no había vuelto a jugar al Final Fantasy VIII desde entonces (año 2000), y cuando salió en Steam, decidí darle una oportunidad. Como esperaba, el juego me seguía sin decir demasiado, y la historia me seguía sin enamorar, pero entretenía, y no me arrepiento de haberlo jugado. Sin embargo, y como también sospechaba, es un juego que técnicamente ha envejecido fatal. Puede que para alguien acostumbrado a videojuegos modernos pueda resultar chocante, pero en su momento estos gráficos eran lo más de lo más. En su momento, claro, pues actualmente esas caras planas, esos polígonos mal hechos, esas extremidades absurdas... dan risa, habiendo sido en ese sentido adelantado por algunos de sus antecesores (léase el FF VI) a los que el tiempo ha tratado mucho mejor. Algo mejor paradas quedan las entonces espectaculares escenas cinemáticas, que hoy pueden llegar a correctas, y la jugabilidad, habría que juzgarla desde el punto de vista de alguien que no probara este género, claro. A mí me parece de lo más normal. Donde sí que, en cambio, mantiene un nivel espectacular, y que seguirá siendo su punto fuerte, es en su música, con algunas piezas musicales que hacen que FFVIII tenga una de las mejores bandas sonoras de la saga. 

Como muestra, algunas de sus piezas:


Escena musicalmente preciosa.

Épico.

jueves, 21 de abril de 2016

Kiki, el amor se hace

Pieza de fruta sin simbología de ningún tipo. 

Si algo tiene esta película en su contra es que no puede evitar evocar una cierta aureola de caspa, tetas fáciles y el landismo más rancio, pero sería injusto valorarla en esa medida. Cierto es que el sexo tiene importancia en esta película (a fin de cuentas, va sobre parafilias), pero las escenas de sexo explícito, que las hay, son pocas y están al servicio de la historia, y no al revés. Cierto es que es una cinta muy peculiar, y que no gustará a todo el mundo, pero tiene su cierta gracia, con algunas escenas que sí me parecieron interesantes, destacando la escena de Paco León con su nuevo mejor amigo en los baños de ese bar tan especial, el atraco en el parking o la tronchante escena en la que un sordo utiliza un servicio de videointérpretes para llamar... a un teléfono erótico.

"Kiki, el amor se hace" es una película de historias más o menos cruzadas, en las que cuenta cinco historias de amor (algunas, como la del médico y su mujer, o la de la pareja de feriantes, bastante insanas, por no decir cosas más feas) en las que las formas de entender el placer son "poco habituales", presentándonos filias tan peculiares como Dacrifilia, Elifilia, Somnofilia, Dendrofilia o Harpaxofilia y cómo estas afectan a las relaciones humanas (diría de pareja, pero alguna de las historias también se sale de ese molde).

Es rara, no lo vamos a negar, y tiene momentos que pueden ser cuando menos "rompedores", pero tiene su gracia y resulta entretenida. Y particularmente agradecí la presencia de Natalia de Molina, que es un regalo para la vista (también salen señores que agradan la vista, pero evidentemente me interesan menos).

Lo que sí tiene son momentos muy poco creíbles, con alguno que directamente raya la ciencia-ficción, como ese momento en el que el protagonista pide un cubata en un pub Madrid y se lo dan hecho, y en un vaso ancho. En ese momento, la suspensión de la incredulidad se va al garete.

miércoles, 20 de abril de 2016

La invitación

Una invitación a quedarse dormido.

Una vieja reunión de amigos, invitados a cenar tras mucho tiempo sin verse, da lugar a una inquietante velada en la que van saliendo trapos sucios y el idílico evento acaba siendo una experiencia no tan grata como se veía. Premisa mil veces vista y que da juego para thrillers pero que aquí patina. Genera bien la atmósfera y tal, pero es un globo que se va hinchando e hinchando y para cuando le toca explotar, ya se ha deshinchado de todo, con lo que debería ser un sonoro "boom" acaba siendo un inaudible "pffff". 

Una buena historia debería tener planteamiento, nudo y desenlace, y esta comete el error de perderse en lo primero, para desembocar en un nudo tardío y un desenlace precipitado, lo que acaba por hacer una película tremendamente aburrida, cuya chicha dura lo que dura la expectativa de que en algún momento pase algo. Que acaba pasando, vaya si pasa, pero para cuando sucede, el interés se ha difuminado tanto que da la sensación de que es la propia película la que llega tarde a su propia cita, después de haber creado una atmósfera a priori interesante pero que se acaba quedando en nada.

Demasiada mecha para tan poca dinamita.