viernes, 31 de julio de 2020

Padre no hay más que uno 2

Ahora, con perrete.

La primera parte fue una película que me llamaba muy poco, y que cuando finalmente vi supuso una sorpresa muy agradable. Y no me llamaba nada porque pensaba que iba a ser una cosa cutre y pastelosa, sin demasiada chicha y demasiado centrada en las gracietas de los niños y el chiste fácil. Vaya, un poco lo que me he encontrado en esta segunda parte, que es lo que pensaba que iba a ser la primera.

No voy a decir que me haya horrorizado, pues sirve para pasar un par de horas entretenidas, pero sí que carece de la chispa y las salidas ingeniosas que tan bien funcionaron en la antecesora. Aquí parece que se limitan a estirar, sin demasiado esfuerzo el chicle, y salvo un par de cosas, el resultado se me ha hecho un poco pobre. No horroriza, (pese a sus bandazos por el carril de la cutrez, sobre todo cutrez en las interpretaciones) pero tampoco me habría perdido nada si no la veo.

jueves, 30 de julio de 2020

Vacaciones de verano Vol. 1


Nos vemos a la vuelta, mesa de oficina.

Hoy es el último día  hábil de julio en Bizkaia, lo que significa que empiezan mis vacaciones. No tendré el mes de agosto entero, tendré que trabajar unos días a mitad de mes, pero sí que voy a poder estar casi dos semanas sin aparecer por la oficina y desconectar de llamadas, registros y trámites telefónicos.

Lo malo es que con TODOS los planes cancelados, va a ser un mes de agosto un tanto insípido, pero puestos a echar de menos mis jornadas, mejor hacerlo desde la comodidad de casa que trabajando.

miércoles, 29 de julio de 2020

Moriremos de calor

Más grados que años.

Este blog a veces puede ser como un ascensor. Si no sé de qué hablar, hablo del tiempo, especialmente cuando es tan extremo. Y es que el parte meteorológico para mañana asusta, con una previsión de calores en una clasificación liderada por Bilbao. 

Mañana toca sudar como gorrinos. 

martes, 28 de julio de 2020

PCR negativa

Algo así.

Puedo afirmar que no tengo el bicho. Al menos puedo afirmar que no lo tenía ayer a las 13:58, pues hoy me han dado los resultados de la PCR que me hice ayer.

Pedí la cita el jueves en la web, y allí estaba en la cola, pues pese a pedir cita había cola, donde tuve que esperar más o menos media hora hasta que llegó mi turno.

Luego la prueba en sí. La parte del palito en la boca sin más, pero la de la nariz, en la que te meten un palillo hasta la bandera, si bien no es tan terrible como me la habían pintado, agradable no es. Doler no, pero es un cosquilleo que provoca lagrimones, un poco como cuando te arrancas un pelillo de la nariz. Lo doloroso es soltar 120 euros. 

Lo malo, que al ser PCR y no prueba serológica, sé que no está, pero no si ha estado ahí.

domingo, 26 de julio de 2020

Otro fin de semana, y julio que se nos escapa

Enemigos calurosos para días calurosos.

En este verano raro (tan raro como el resto del año) seguimos avanzando las semanas y otra vez es domingo (el último antes de las vacaciones, por cierto). 

El viernes una de rol, relacionada con la foto, pues jugamos el epílogo de la campaña La ruta del Oeste, una ucronía de la Tierra Media en la que decidimos el destino de los pueblos libres, en una épica batalla contra el Balrog de Moria. La partida la jugamos online, pero luego hacemos el post presencialmente, tras cenar, en el local.

Sábado, una de vegetar por casa, bajar a hacer la compra para descubrir que es festivo y terminar llamando al restaurante indio porque no tengo comida en casa. Pido, bajo un rato al parque y he de volver corriendo porque el repartidor llega media hora antes de lo previsto. La comida, eso sí, deliciosa: Mirch Masala, mi restaurante indio favorito de Bilbao. Por la tarde, lo dicho ayer: playa.

Domingo por la mañana, toca ir al gimnasio a sudarlo todo, y la tarde en principio era para seguir con la campaña de rol de Warhammer, pero un par de cancelaciones de útlima hora hace que nos pasemos al Arkham Horror (derrotando a Yog-Sototh) y Draftosaurius, antes de plegar velas y volver a casa.

Ahora, 4 días de trabajo y por fin vacaciones. 

sábado, 25 de julio de 2020

Retorno playero

El lugar de los hechos.

Una cosa que llevaba desde el año pasado sin hacer era ir a la playa, que entre una cosa y otra aún no había ido, en este año tan raro en el que pese a que estamos casi en agosto, no tengo la noción mental de que es verano.

Siguiendo con el "sitios al que hace mucho que no iba", la playa visitada no ha sido ninguna de las que suelo ir habitualmente (Castro y Ereaga), sino que ha sido Arrigunaga, en Getxo, playa que llevaba fácilmente 15 años sin visitar. Y es que hemos previsto que estaría menos llena de gente que Ereaga.

Lo malo que es de mucha piedra, lo que impide entrar y salir del agua con dignidad, pero eso no nos ha impedido disfrutar de un agradable chapuzón. 

jueves, 23 de julio de 2020

Gimnasta enmascarado

Solo Scorpion, Sub-Zero y yo cumplimos con las normas.

La semana pasada volví al gimnasio, y he estado yendo casi todos los días. No me mato, pero voy, sudo un rato y veo series. Aunque hasta hoy no nos habían pedido que nos pusiéramos la mascarilla durante el rato que estamos haciendo ejercicio, pero hoy ya sí, en cumplimiento del último decreto, es lo que toca. Así que entre el ejercicio físico, el calor y ahora la mascarilla, pues igual otra cosa no, pero cada vez que voy sudaré como un gorrino en una sauna.

miércoles, 22 de julio de 2020

CdL virtual

A leer en la nube.

Una de las cosas que nos ha hurtado la pandemia es el poder hacer reuniones sociales en condiciones. Por ese motivo, el domingo tuvimos que cancelar la sesión del libro, pues encerrarnos 8-10 personas en una sala, intercambiando libros y víveres, no parecía lo más sensato.

Y como esto parece que va para largo y no queremos matar el proyecto, hoy ha sido el día en el que hemos quedado, para buscar fórmulas más telemáticas de llevarlo a cabo, y sobre todo buscando la manera de no perder el contacto, que los libros vienen y van pero en el fondo solo son la excusa para compartir buenos momentos de diversión. Algo que no queremos perder. 

martes, 21 de julio de 2020

Under the skin

Sin noticias de Gurb.

Tengo que reconocerle algo a esta película, y es que tiene mucho mérito hacer que salga Scarlett Johansson en todo su esplendor y aún así quieras que se termine la película.

Este engendro con ínfulas nos muestra un viaje de ningún sitio a ninguna parte que juega a sugerir que sugiere cosas pero en el fondo no nos está contando nada. Da a entender que la proragonista, una especie de alienígena o algo por el estilo, va por el mundo tratando de conocer cómo funciona, y de cuándo en cuándo seduce algún incauto y lo devora, para robarle la piel. De vez en cuándo el director juega a creerse Darren Aranofsky y nos deleita con molestos juegos de luz y sonido cuya función en la película no tengo muy claro cuál es, a menos que sea la de despertar al espectador que se haya dormido.

Así va avanzando la película (diría historia, pero no hay), en una especie de relato costumbrista de lo que es ser un alienígena en Glasgow y en la que de vez en cuándo nos muestran los encantos de Johansson, que además de ser una actriz excelente es también poseedora de una de las mayores bellezas de Hollywood. Y una cosa que me gusta mucho de esta película es que sale bastante al natural, con su barriga, su culo con forma de culo, etc. Vamos, lo que para un incel que nunca haya visto una mujer fuera del porno sería "gorda" (por comentarios reales que he leído), pero que en realidad luce espectacularmente. 

Pues eso, que alternando momentos insulsos, con fogonazos y escenas de extraña sensualidad, esto va avanzando, o moviéndose en círculos, hasta que termina sin haber aportado nada. O, peor aún, termina tras una innecesaria escena de violencia sexual que hace que la película que ya iba mal, se termine de estrellar del todo.

 A evitar.

lunes, 20 de julio de 2020

You

Un moderno Barbazul.

Joe Goldberg es el gerente de una tienda de libros antiguos que podría ser el chico perfecto, pues es guapo, simpático, ineligente, atento, divertido, romántico, rico... pero tiene un pequeño defecto, y es que bajo esa fachada de niño bueno que nunca ha roto un plato, se esconde un perturbado obsesivo y un psicópata. 

Pues esto va de que Joe se enamora de Guinevere Beck, una aspirante a escritora, cliente de su tienda, y como el concepto que tiene Joe de romanticismo es ligeramente distinto al que pueda tener una persona emocionalmente sana, se dedica a seguir a rajatabla el manual del buen chalado, por lo que se dedica a acosarla, vigilarla, robarle el móvil, alejarla de sus seres queridos, matar a su follamigo... todo por amor. Y como es guapo, pues ella acaba cayendo, y no entraré en spoilers, pero la relación que sale de ahí alcanza los niveles de toxicidad de un retrete de Chernobyl recién usado. Todo bastante perturbador.

La serie en sí, la verdad es que en el fondo es bastante tontorrona y peca demasiado de tener un protagonista ultramegainteligente y con la flor en el culo que hace que siempre sus planes perfectamente medidos salgan siempre a la perfección. Está contada desde la perspectiva del protagonista, cuyo monólogo interior no deja de hacer de él un Dexter del Mercadona, pero a veces consigue escenas graciosas, y algo que ayuda a hacer que conectemos con el personaje es que la mayoría de los personajes secundarios que aparecen, productos de esa Nueva York tan fashion y artificial de viajar en Uber y subir todo a Instagram, sean tan hostiables que hacen que al cambio un maníaco homicida no nos caiga tan mal. Eso sí, todos chicos y chicas, guapísimos y divinos siempre de la muerte.

Hay una segunda temporada en la que por cuestiones argumentales la acción se traslada a Los Angeles, donde más de lo mismo; personajes pijísimos y hostiables, donde nos seguirán ahondando en los traumas de Joe, pues ni un solo psicópata sin su trauma infantil. 

Aunque evidentemente de comedia tiene poco (algún momento simpático sí que tiene cuando las maniobras maquiavélicas del protagonista le meten en problemas propios de comedia de enredo), es mejor tomarla como una serie de entretenimiento ligero, o se corre el riesgo de acabarle gritando a la tele. En mi caso, me la tomé como "esa serie que veía en el gimnasio mientras hacía cardio", porque si me la hubiera tomado en serio, no habría pasado del segundo capítulo.

Ahora a esperar a la tercera temporada, para seguirla viendo y poder echar pestes con propiedad.