viernes, 5 de abril de 2013

Acoso telefónico involuntario

 
Teléfono, mi casa. 

Una parte muy importante de mi trabajo consiste en gestionar las citas que se da a las personas que solicitan su acceso a los recursos convenidos por la Diputación. Para acceder a uno de esos recursos, se les hace la entrevista (la hacen las trabajadoras sociales), y para eso hay que citarlos. 

Generalmente nunca llamamos directamente al usuario, sino que nos ponemos en contacto con el centro derivante, que es quien nos manda la solicitud. De tal forma que la conversación típica es algo así:

-Hola, soy Jokin, de valoraciones. Oye, que tenemos hueco para darle la cita a Fulanito el martes a las 10.
-Ah, perfecto, le avisamos. El martes lo tenéis ahí.

Pero hoy la conversación ha sido algo distinta.

-¿Sí, quién es?
-Hola, quería hablar con Eustaquia (nombre ficticio de la persona de referencia de ese centro derivante, una trabajadora social)
-Eustaquia no está.
-Ah, vale, pero no está hoy, o no está ahora.
-No, no, que Eustaquia está trabajando.
-¿Cómo que trabajando? ¿Pero a dónde estoy llamando yo?
-Esto es la casa de Eustaquia, yo soy su marido. ¿Usted quién es y por qué llama?
-Disculpe usted, yo me llamo Jokin, y soy de Diputación, es que yo tenía este teléfono, ya puede perdonar las molestias.

Y después de explicarle la jugada, me ha podido dar el teléfono de la oficina de Eustaquia, donde ya sí la he podido localizar, y ya me ha confirmado que lo del teléfono es porque ella tuvo un lapsus al darlo, que en vez de darnos el de la oficina, nos dio el del trabajo.

Espero que cuando tenga que comunicarle al usuario el sitio de la cita no se equivoque, y le dé en vez de nuestra dirección, la de su casa.
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