sábado, 20 de abril de 2013

De puzzles

 
Jokin 1 - Puzzle 0

Un regalo sádico y malvado, pero siempre bien recibido, me obligó a hacer algo que no había hecho en años. Sí: un puzzle. 

Supongo que el imaginario colectivo comparte ese trauma de la infancia que es abrir el regalo con ilusión y encontrarse dentro pequeños trozos de foto pegados a cartones. De adulto la cosa cambia, y cuando el puzzle es algo personalizado, y no la típica foto de un genérico atardecer en la costa, un anónimo leopardo, o una cabaña en los Alpes que a nadie le importa, pues hace ilusión.

Y además, uno está en la obligación moral de hacer el puzzle.

Y cuando empiezas, recuerdas por qué habías jurado no volver a hacer uno de estos.


Vale, ya he hecho lo fácil

Empiezo con las piezas reconocibles, aquellas que tienen letras o dibujos identificativos. Uno unas con otras. Intento el clásico esquinas y bordes, pero el que sean todas más o menos iguales, me hace desistir.

Por suerte, voy avanzando.

¿Por qué hay tantas piezas?

Me topo también con la dificultad del tamaño del puzzle. Lo empiezo en la mesa de mi cuarto, y descubro con horror que ahí no cabe. Transporto todo a la cocina, con paciencia y una sonrisa (entiéndase, una sonrisa nerviosa que precede al ataque de histeria)

¡Ya falta menos!

El proyecto está muy avanzado. Ya he hecho todo el contorno, y parece que lo más difícil ya está.

¿Seguro?

 
¡Y un cuerno!

Falta la parte más puñetera. Colocar las piezas que faltan, que son todas casi iguales, con sutilísimas diferencias.Por suerte, con paciencia y una pequeña ayuda, logro ubicar todas las piezas en su sitio, y desbloqueo el logro "termina un puzzle en una tarde".

Sí, vale, 280 piezas no son muchas, pero ya es más que cualquier puzzle que consiguiera hacer. Eso, y que el hecho de que la mayoría de las peizas fueran azules, convertía el puzzle en una trolleada. Pero la foto me encanta, eso sí.

Ice Bar. Vaci Utca. Budapest. Octubre 2012.
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