jueves, 1 de mayo de 2014

Divergente

Recién salidos de su examen de ciudadanía.

En la estela del éxito de "Los juegos del hambre" llega otra distopía juvenil en un tono muy parecido, pero sin llegar a su nivel. "Divergente" tiene un par de cosas interesantes, pero en general es bastante tontorrona, sin demasiada consistencia y en momentos un poco aburrida, ya que se alarga demasiado, abusando de las escenas de tiros sin venir demasiado a cuento.

La cosa va de un mundo postapocalíptico en el que para evitar que haya conflictos y guerras no se les ocurre otra cosa que dividir a la población en 5 facciones; los yuppies (sinceridad), los hare-krishna (concordia), el personal de AENA (erudición), los malotes del instituto (osadía) y los polacos judíos (abnegación). También están los anticiudadanos, que son gente que no pertenece a ninguna facción y se pasean por ahí a lo zombi de Walking Dead.

 Cuando alguien llega a una edad, hace su "examen de ciudadanía" que le dirá hacia dónde tiene que tirar, sea cual sea su origen familiar. Aunque luego en la ceremonia de investidura (con un ritual que es un foco de enfermedades infecciosas) deben elegir facción. Pero a veces pasa que en el examen algunos descubren que no saben lo que quieren hacer con su vida (algo inusitado en una persona adolescente) y son los llamados "Divergentes", rebeldes que suponen un riesgo para esta intrincada y cuidadosamente planificada sociedad (en la que la defensa recae sobre gente cuyo hobby es trepar por las farolas y saltar de trenes en marcha), por lo que han de ser eliminados. Y como es de prever, la protagonista es una divergente que tendrá que enfrentarse al régimen, liarla parda y encamarse con el jamelgo mojabragas mientras los malvados dirigentes del régimen deciden que practicar un genocidio y cargarse a la clase trabajadora es una idea brillante.

Pasarratos y ya. Según lo esperado.
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