martes, 27 de mayo de 2014

Pompeya

La pareja de enamorados.

Una crítica que leí y que me hizo mucha gracia venía a decir algo como: "Voy a hablar de Pompeya, esa grave tragedia que sufrió la Humanidad, cuya mención aún hoy día despierta el terror. Y no me refiero a ese nimio incidente del Vesubio, sino a la película de W. S. Anderson". 

Sin ser tan radical, a pesar de que esa frase bien podría ser mío, es cierto que Pompeya es una mierda, un cruce bastardo entre Gladiator y Titanic, protagonizada por un Kit Harington con la capacidad interpretativa de una patata. Pero si nos olvidamos de eso, tenemos una divertida película de pum, paf, zas y crash. Es decir, explosiones, gente muriendo y peleas de gladiadores.

Y ahora, spoilers.

La acción comienza en Britania, donde el senador  y agente antiterrorista de la SPQR Iacobus Bauerus, acompañado por su leal y letal Próculo (en adelante Porculio) se afanan en evitar que los terroristas exterminen a la población civil con el práctico método de lincharlos a todos. Pero se dejan a un niño vivo, y este niño (que es Jon Nieve) de mayor se mete a gladiador. Traumatizado por la experiencia de haber visto morir a su familia, sufre un ictus en el rostro, que solo le permite pasar de empanado a enfadado, luciendo durante toda la película tableta de chocolate y cara de coliflor. Sin embargo, los puntos de creación de personaje que no se gasta en Carisma, se los gasta en Matar, lo que hace de él una superestrella de la gladiación, y un cazatalentos lo ficha de la Premier League, se lo lleva del Chelsea al Nápoles (es decir, de Londinium a Pompeya).

Como el empresaurio que gestiona los gladiadores tiene poca visión de negocio, en vez de cuidar a sus principales fuentes de ingresos los lleva por ahí a latigazos y en malas condiciones. (que alguien me corrija, pero los gladiadores de elite tenían en la época romana la misma que puedan tener ahora los Messi, Cristiano Ronaldo y demás). Pero Jon Nieve tiene la suerte de que se fije en él la hija alienígena del gobernador de Pompeya, y que se enamore de él cuando le ve matar a uno de sus caballos con palabras bonitas. 

De ahí pasamos al thriller carcelario, donde al más puro estilo Oz, ponen a Jon Nieve a compartir celda con Adebisi (también conocido como "Señor Eko"), el otro gallo del corral, que sorprendentemente acabará siendo su amante amiguísimo del alma (y dicho sea de paso, Adewale Akinnuoye-Agbaje, manda cojones el nombrecito, es el único actor que se toma medio en serio esta patochada de película). No así un garrulo que pasa por ahí, que intentará sin éxito vengar a su hermano, que murió a manos de Jon Nieve en una pelea de gladiadores.

No olvidamos a Iacobus Bauerus, que es el malo, y su plan implica casarse con Casia, la hija alienígena del gobernador de Pompeya, que como está en la edad del pavo (o lo que demonios equivalga al pavo en su planeta), prefiere irse con el esclavo malote en moto caballo, que es Jon Nieve. "Oye, que si te casas con el Senador, puedes seguir tirándote al esclavo, que las bodas entre nobles en Roma eran paripé político, y de paso evitas que el malo asesine a tu familia". "Lo siento, el ruido de mis hormonas goteando por Jon Nieve no me dejan oírte", responde ella.

Kit Harington, poniendo cara de Kit Harington. Chicas, la cara está más arriba.

Pero la verdadera historia de amor es entre Jon Nieve y Atticus (el negro), que a lo Asterix y Obelix se dedican a soltar mamporros a todos los romanos y gladiadores que les echan encima, para disgusto del vil Senador Bauerus, que decide, cuando se le inflan la narices, mandar a Porculio (cuya trama es que... va y mata) a... pues eso, matar a los protas, tras una gloriosa escena en la que, entre otras cosas, Atticus hace el aizkolari cortando a hachazos una columna de cartónpiedra roca de varios metros de grosor. O algo, que con tanta pelea de gladiadores, al final se pierde la cuenta.

Eh, un momento, ¿esto no va sobre un volcán? Ah, sí, cierto. Durante la película, nos van enseñando imágenes de Mordor, con el Monte del Destino a punto de explotar, hasta que llega el momento de la detonación y pasamos de ver Gladiator a ver una de Roland Emmerich, con tsunamis, incendios, explosiones y meteoritos, mucho efecto especial, y una escena acojonante, espectacular, un hito en la historia de los FX, que es el momento en el que consiguen que Kit Harington mueva una ceja. No se había visto nada tan impresionante desde que generaron por ordenador lágrimas para Bruce Willis en Armaggedon.

La parte dramática es cuando Atticus y Jon Nieve (que se llama Milo) tienen que separar sus caminos, para que Milo pueda evitar que el senador Bauerus secuestre a Casia la alienígena y la lleve al área LI, mientras Atticus se queda a pegarse con Porculio. Empate técnico y spoiler de Perdidos. [¿A nadie le suena lo del Señor Eko muriendo con el humo negro?]

En cuanto a la persecución, Milo da caza a Bauerus, rescata a la chica (o algo) y viendo que una lluvia de ceniza mortal no es lo más saludable del mundo, optan por irse. Y como el pobre caballo (que creo que realmente era el malo y el que organiza todo esto para vengar la muerte de su camarada equino al principio de la película) se cansa, pues se bajan y se quedan a morir abrazaditos.

Fin.
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