miércoles, 23 de abril de 2008

El ascensor

Menos mal que en este edificio no pasaba lo mismo.

Como ya sabéis, mi actual domicilio está situado en un vertiginoso piso 16, lo que significa que el ascensor es uno de los bienes comunales más apreciados por la vecindad, ya que subir tanto piso a pie suele ser, además de cansado, aburrido. Alguna vez lo he hecho y es un auténtico tostón.

No hay un ascensor, sino dos, no sea que se estropee, y la verdad es que funciona bien, y es razonablemente rápido (un minuto exacto desde la planta baja hasta mi casa) pero tiene una curiosa y a veces desagradable costumbre, que ahora procedo a relatar, que pasa no siempre pero sí a veces, y suele ser desconcertante.

Monto en el ascensor, pulso la tecla con el número 16. Llego, salgo del ascensor, y cuando trato de introducir la llave en la cerradura, algo falla. La llave no encaja y me han cambiado el felpudo. Observo con horror que estoy en la planta 12, y el ascensor ha huido.

Tal contingencia me deja dos opciones: subir a pata los 4 pisos o esperar un buen rato a que el ascensor vuelva, y por no esperar siempre acabo subiendo los 4 pisos andando, pero a veces me pilla cargado y no es plan. Pero al menos no es tan irritantemente gracioso como la vez que realizando la mudanza, el señor Aitor, vecino y amigo mío, me echó una mano, y montó en el ascensor, cargó con cosas, llegó, vació el ascensor, y vio que estaba en el 12 y no en el 16. Probablemente para él en ese momento resultó menos gracioso que para mí, o para el lector.

Así que, avisados quedan quienes vengan a visitarme a casa. Antes de apearse es conveniente cerciorarse del piso en el que se está.

Piña Marko Banic

En otro orden de asuntos, hoy se celebrará, a las 20:30, en el Bar Azzurro, la inauguración de la Piña Marko Banic, a la que cualquiera podrá asistir. Así que nadie se me queje de que no avisé.

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