lunes, 14 de abril de 2008

Semana tecnogafe

Víctima de la epidemia

El otro día comentaba que mi disco duro murió, en extrañas circunstancias, de forma irremisible, como así me lo confirmaron en la tienda, y por eso estoy a la espera de uno nuevo.

La muerte súbita y prematura de un disco duro es algo que entra dentro de lo posible. Una juntura mal soldada, un pico de tensión, un roce con el ventilador... pero lo que ya es más casualidad y más mala leche es que el viernes se murió también, de forma parecida, el disco duro del ordenador del salón. Fulminado, aunque en este caso murió de viejo.

A más añadidura, el viernes anterior se me perdía un palito de la Nintendo DS, y el sábado se me perdía el de repuesto, que por sí no tiene mayor importancia, pero serviría de preludio a lo que pasaría este sábado.

¿Podré llamar a Lobatón?
Salí de casa y mi Nintendo DS estaba en la chaqueta, ya que la llevé para no aburrirme en el trayecto de metro hasta Portugalete, y al salir de uno de los bares palpé el bolsillo, y la consola no estaba. En efecto, desaparecida. Puede que se me cayera, puede que algún amigo de lo ajeno metiera su mano en el bolsillo y la adoptara, pero el caso es que por allí no estaba, así que me he quedado sin NDS como Boabdil se quedó sin Granada.

Y lo que me jode no es tanto la consola, que aunque escuece es algo tan simple como ir a la tienda y comprar otra, sino la tarjeta de memoria, donde tenía todos los juegos (que bueno, son fácilmente conseguibles y tengo copia de seguridad) y lo que es peor, todas las partidas y estadísticas, que ya no podré recuperar, algo especialmente molesto en el caso de los juegos que tenía a medio pasar o con cosas desbloqueadas.

Como lectura positiva diré que gracias a que no llevo marcapasos, ni una microbomba conectada a mi organismo, al menos puedo decir que nadie ha salido herido y que estamos todos vivos.
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