miércoles, 9 de abril de 2008

La ley de Murphy y los ordenadores

Podría ser peor pero por si acaso mejor me callo.

"El ordenador no me ha dado ningún problema", le decía yo a mi padre el lunes, en referencia al ordenador que me compré hace un mes, y que efectivamente me funciona de perlas, o funcionaba.

Ayer llegué a casa y a mediodía estuve con el ordenador un rato, manejandolo con soltura, sin ningún tipo de problema, pero la frase "no me ha dado ningún problema" fue suficiente para invocar a algún astro graciosillo, puesto que al volver me encuentro con el ordenador no coglado, sino reiniciado y pidiendo disco de arranque.

¿Ñe? No puede ser...

Reinicio... mismo resultado. Miro la BIOS, y me dice que disco duro inexistente. ¿Pero cómo? Enchufo, desenchufo, miro, remiro, monto, desmonto, reinicio, llamo al servicio técnico (Baldrick, que para algo es informático)... y nada, mal aspecto. Tiene pinta de disco duro muerto. En efecto, voy a la tienda y allí me certifican la defunción del disco duro, a la temprana edad de mes y poco, y que mañana cuando les llegue me dan uno nuevo.

Así que mañana, cuando me den el disco duro, vuelta a instalar sistema operativo, programas, configuraciones...

¡Intenneeeeeeeeeeeeé!

Lo más cachondo es que el disco duro se haya muerto sin más y porque sí, imagino que vendría defectuoso o algo. ¿O habrá sido un castigo del karma por presumir de que no me había dado problemas? ¿Es esta la venganza de la máquina contra el hombre?

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