martes, 8 de abril de 2008

Knut, el osito bipolar

Quién te ha visto y quién te ve.

Hace no mucho más de un año saltaba a la fama el osito Knut, un cachorro de oso polar que fuera rechazado por su madre y adoptado por un cuidador del parque de Berlín. Pese a la polémica suscitada, el zoo de Berlín se negaba a sacrificar al cachorro, pese a las demandas de diversos grupos pro-derechos de los animales, y Knut no tardó en convertirse en la adorada mascota de la capital alemana.

¿Y por qué matarlo?

Sí, en efecto, la decisión de sacrificar un bicho tan mono, aunque dura no era gratuita. Los grupos defensores de los derechos animales que de forma aparentemente paradójica pedían el sacrificio del osezno, esgrimían que una vida en cautiverio no es vida para un oso polar, y que era condenarlo a una cadena perpetua de locura soledad.

Totalmente cierto, y creo que desde la razón nadie con dos dedos de frente discutiría que ésa era la postura más sensata. Pero claro, ¿quién le pone el cascabel al gato? ¿Quién le aplica la inyección al peluche?

Yo lo admito, no habría podido.

Y bueno, los animales, al igual que las personas, es lo que tienen, que no son cachorritos eternamente, y el tiempo parece estar dando la razón a quienes ya lo advertían, y lo que ayer era un alegre peluchito que correteaba feliz, hoy es una iracunda masa de pelo que no tiene nada de dulce, y que según los cuidadores del zoo, se ha vuelto en un psicópata adicto a la publicidad y a ser el centro de atención. Su salud mental está deteriorada, y no me parece raro. Un animal criado en cautividad, sin compañía de los suyos, y marcado desde el principio. Los animales, al igual que los humanos, también pueden sufrir dolencias mentales, y éste parece ser el caso, y sobre todo no hay que olvidar que el que peor lo tiene que estar pasando es el propio Knut.

El eterno problema de los animalitos. Todo el mundo los quiere cuando son pequeños y bonitos, pero cuando crecen y dan problemas, dejan de ser queridos y adorados, y más cuando el animal en cuestión es uno de los más feroces depredadores de la tierra. Pues por mucho que Coca-Cola y Seguros Santa Lucía traten de convencernos de lo contrario, los osos polares no son pacíficos y bonachones.

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