viernes, 11 de diciembre de 2009

Body combat


Algo así, reiteradamente.

En la vida hay que probar de todo, aunque a veces no sea muy recomendable este aserto, y ayer, por hacer algo distinto, fui al gimnasio a probar otra de sus modalidades de maltrato físico, siendo en esta ocasión la variedad elegida el Body Combat.

Este sugerente nombre esconde una hora pegando patadas, codazos, rodillazos y puñetazos al aire, sin parar, al ritmo de una música diabólica, en un infernal combo de golpes, de forma que al acabar la sesión yo me sentía como si los golpes me los hubieran propinado a mí.


A darle una juma de hostias a Ryu.

Al menos me sirve de consuelo saber que el hombre invisible se llevó la peor parte, y que de la paliza virtual que se llevó, le costará recuperarse. Porque lo que es a mí, desde luego que también me va a costar.
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