martes, 15 de marzo de 2011

Torrente IV

Como Batman y Robin, pero sin tanto glamour.

Caca, culo, pedo, pis. Obviamente, el que se mete a ver una película de Torrente sabe a lo que se expone. Sabe que no va a encontrarse con una pieza de humor fino y elegante, con sutiles e inteligentes toques de humor.

Evidentemente, no. Torrente es zafio, grosero, machista, racista y guarro. Y su película no puede ser de otra forma, con un humor de brocha gorda y trazo grueso, con chistes guarros y de lo más explícito posible.

Pero precisamente ahí está la gracia de Torrente. No sería José Luis Torrente si no hiciera chistes de negros, de putas, de maricones (y mucho menos si decimos gente de color, prostitutas y homosexuales... Torrente nunca usaría esas palabras) y no sería Torrente si se dedicara a sugerir y a insinuar. Sería otra cosa, pero no sería Torrente. Y precisamente eso es lo que busca, eso es lo que pretende caricaturizar, de la forma más basta posible.

Tampoco faltan los cameos, hasta el punto de que lo raro es ver actores desconocidos en esta película, y los chistes fáciles. De hecho, la historia tarda en empezar su buena media hora, durante la cual Santiago Segura se dedica a gustarse a sí mismo y a dejar a Torrente retozar sin correa por la pantalla. El argumento, dicho sea de paso, no es nada del otro mundo, y no deja de seguir el esquema de "Torrente es un gilipollas con suerte, que se junta con otro más tonto que él y por azares del destino la acaba liando parda y saliendo más o menos bien parado", siendo en esta ocasión su tonto Paquirrín, cuya interpretación es más que correcta (vale, hace de sí mismo, pero lo hace bien)

Del elenco de secundarios, tiene su gracia la aparición de Belén Esteban, quien a pesar de sus escasas dotes interpretativas nos da una alegría en su escena final. Ahí queda eso. Mejor opinión me merece Yon González (de Bergara tenía que ser) que da bastante bien el callo en su papel.

No me gustó nada, en cambio, el cantante Francisco en su papel del vil Rocamora. Mucha voz, mucho timbre, pero una calidad de actuación a la altura del peor Nicolas Cage.

El 3D, sin ser imprescindible, tiene su gracia. Sobre todo cuando se pasea por la pantalla la colección de culos y tetas que no podía faltar, especialmente en los Jamesbondianos títulos de crédito iniciales, seña de identidad de la saga.

En cuanto a la calificación, pues peor que las dos primeras pero mejor que la tercera. Y sin duda, innegablemente divertida, a pesar de ser totalmente desaconsejable para aquellos espectadores de estómago sensible.

Solo diré una palabra para los que la hayan visto: Teléfono.
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