domingo, 25 de enero de 2015

Birdman

¿Es este el héroe que salvará a la ciudad?

Birdman mola, pero es rara de cojones. Esa es la versión corta de una crítica sobre una película audaz y que ofrece una propuesta muy diferente, donde las interpretaciones son magistrales (debo destacar a Edward Norton, que se alimenta de pantalla cada vez que sale, aunque Michael Keaton está soberbio también) y una labor de dirección impecable, pues casi toda la película está grabada en un peculiar plano-secuencia que nos va contando la historia y sus entresijos, hasta llevarnos a un final abierto a interpretaciones.

Birdman es el personaje al que interpretó Riggan Thomson (el personaje de Keaton), un actor que vivió los éxitos del cine comercial en los 90 (tiene su gracia, pues el propio Keaton fue quien interpretó a Batman en la película de 1990) y se siente devorado por su personaje, del que quiere huir haciendo teatro, para sentirse actor de verdad. Ahí tiene que enfrentarse contra sus propios fantasmas y contra su mejor aliado/peor enemigo, Mike Shiner, un actor tan magistral como impresentable, y de paso tratar de reconducir su tormentosa relación con su hija (Emma Stone) y algunos otros asuntos personales.

Tan interesante como la propia película es la historia dentro de la historia, esa doble capa que nos muestra a los actores haciendo de actores que a su vez están actuando, y cómo tienen que valerse de sus recursos para salir adelante. Cierta escena que acaba con Riggan en calzoncillos en medio de Times Square es de lo mejor que me he encontrado en el cine en mucho tiempo.

A ratos, sobre todo al principio, puede resultar algo confusa, y no carecen de su punto psicodélico las ensoñaciones del protagonista. Pero eso también forma parte de su genialidad. Bueno, y particularmente me encanta que toque el mundo del teatro.

Después de haberla visto, no se me hace raro verla nominada al Oscar, y no me sorprendería que le cayeran unos cuántos. De hecho, todo lo que no sea Edwad Norton con una estatuilla en sus manos me parecería motivo de ilegalizar la Academia.
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