¡Abraza el despropósito y disfrútalo!
28 años después fue una película que revolucionó el género zombi, reinventando por completo el concepto de muerto viviente. Su secuela, 28 semanas después, era una película tirando a mediocre pero que tenía como prólogo una de las escenas más angustiosas del cine de terror modero. En 2025 llegaba 28 años después, una patochada infame que más parecía una parodia que una secuela y no había por dónde cogerla. Ineplicablemente tuvo éxito y por eso ahora sacan esta nueva entrega.
Basándose en los tres conceptos que más me chirriaron de 28 años después (el zombi alfa, el doctor loco y los Power Rangers chandaleros), El templo de los huesos tenía literalmente todos los elementos para ser una auténtica mierda, pero curiosamente funciona. El cine, como cualquier otra forma de ocio, depende muchísimo de las expectativas previas a su consumo, y como aquí iba mentalizado de que lo que me iba a encontrar era más parecido a la anterior que a la primera, decidí entrar en el juego, saltar por el tobogán y divertirme.
Con esta sí lo he conseguido, y no cambia mi opinión sobre que hay cosas que me parecen completamente ridículas, pero aquí no me molesta. Es a lo que fui al cine y me voy contento.
¿Y qué nos da? Nos trae una mescolanza de géneros, con terror psicológico, home invasion, torture porn, filosofía o lo que es claramente una comedia romántica entre los personajes más insospechados. También algo de zombis, pero aquí están completamente de adorno.
Y la verdad, una vez aceptas lo que hay y entras al juego (seguramente lo que me falló con 28 años después) es cuando puedes de verdad disfrutar, y es que tiene momentos muy potentes, con un malo realmente aterrador, que hace de lo surrealista virtud y consigue dar miedo de verdad, gracias a un Jack O´Conell (experto en interpretar a personajes que no soporto) que lo da todo y nos regala un Jimmy Crystal que para mí pasa a la galería de villanos memorables.
¿Defectos? Probablemente los mismos que 28 años despuñes, pero aquí ya no me pillaban de sorpresa, y eso los convirtió en un punto a favor.
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