martes, 6 de mayo de 2008

Historias del Call

El medio de transporte favorito de muchos.

Alguna vez he comentado por aquí que mi trabajo actual es en el Departamento de Acción Social de la Diputación, desde donde gestionamos la Renta Básica y otras ayudas para gente con recursos, y vaya por delante que creo firmemente en lo que hago, y que prefiero cien parásitos chupando del bote que una sola persona necesitada sin ayuda, pero eso no quita que haya algunos que tocan las narices, algunas de las cuales ya he relatado aquí.

Y bueno, la atención al público se da tanto en ventanilla, como por teléfono, donde hay un Call Center, al que los ciudadanos pueden llamar. Se supone que el Call es una especie de filtro, donde cogen las llamadas y si es algo en lo que les podamos responder (nunca datos particulares) nos la pasan. Esto es así en teoría, en la práctica hacen lo que les sale de la vesícula y nos pasan todas las llamadas a lo burro, y cuando nos toca atender al teléfono (que va por turnos) nos sentimos como esos locutores de programa radiofónico nocturno. Y hoy me ha tocado a mí, ideal tras una jornada de mostrador como la de ayer, que tiene también su enjundia, pero ya me referiré a ello otro día. Y la llamada que nos ocupa era la de una señora que me exponía su "trágica" historia:

Tiene una hija de 22 años, que como es madre recibe la renta básica, y a la pobre le han cortado (en sus palabras le han cortado porque sí) y ha tenido que volver a casa, y claro, como andan todo el día a la gresca, la situación es insostenible, porque la niña, al carecer de las ayudas, no se le puede independizar. Y me decía, “es que quiero saber en qué situación queda esto, porque no podemos estar con un ahora te damos la ayuda, ahora te la quitamos”.

Todo intento de hacerle entender que si se le ha dejado de pagar se le habrá notificado y en esa carta se le habrán explicado los motivos ha sido tan vano como cuando a mí me intentaban explicar el concepto de compás en clase de música de 1º de BUP (dogma de fe, oigan) y tampoco era fácil hacerle entender que no le podía dar información por teléfono, y mucho menos de terceras personas, como tampoco era fácil darle a entender que esto tiene unos requisitos, y que si los incumple la consecuencia lógica es que deje de cobrar. Debo decir en su defensa que el hecho de que cada vez que yo intentaba empezar una frase se pusiera a hablar (por llamarlo de alguna manera) ella dificultaba bastante la transmisión de conceptos.

Se me quejaba, ya que aunque la beneficiaria era la hija, eso le rebotaba a ella, ya que es la que la tiene que aguantar en casa (no, si le parece la aguanto yo) y que además solo tiene 22 años y no se aclara (y yo, tan bruto como estricto, no alcanzaba a comprender que con 22 años aún es demasiado joven para cruzar la calle sola y venir hasta aquí a preguntar).

Mientras tanto ella seguía quejándose de su mala situación familiar, de que están todo el día con broncas, que no se hablan y que quiere que le aclaren la situación, y que me está llamando desde la oficina, que su trabajo es muy duro y que está muy estresada. Alternando entre queja y queja la frase “ya sé que me vais a decir que no es problema vuestro, y que como la beneficiaria es ella la información solo se la dais a ella, pero es que me salpica a mí”. (Mira, chica lista) mientras insistía en el leit motiv de “ahora dais, ahora quitáis”

Le habría propuesto como solución que su hija buscara trabajo, pero semejante monstruosidad me parecía fuera de lugar...
Publicar un comentario