jueves, 15 de mayo de 2008

Memorias de un ex-abogado (XXI)

El nuevo cobrador del Frac.


Capítulo XXI: El registro de morosos.

El tema que nos ocupa no es realmente un único caso, ya que viví varios similares, y que probablemente a muchos de los lectores les resultará familiar. Es el caso de las compañías teleoperadoras que, supuestamente, recurren a empresas gestoras de cobros para liquidar deudas.

Previamente debo decir que el perfil de receptor de la carta suele ser un ex-cliente de la operadora, que harto de intentar darse de baja de forma infructuosa (que para darse de baja de ciertos servicios hay que tener mucha paciencia) decidió simplemente dejar de pagar y rechazar los recibos, e incluso en alguna ocasión, alguien que no ha sido en absoluto cliente de dicha compañía.

El procedimiento suele iniciarse cuando el "demandado" recibe una carta amistosa pero amenazante de la gestora de cobros en la que se le informa de que tiene una deuda con determinada empresa (vi muchas de Wanadoo) y que se le ha inscrito en un registro de morosos. También se le indica dónde y cómo tiene que pagar, dando para ello un plazo, generalmente de 10 días a partir de la recepción de la carta, y amenazan con que si no se paga, acudirán a los tribunales, y que las cosas serán peores que si se paga voluntariamente. Todo ello en un lenguaje rimbombante y lleno de tecnicismos legales, a poder ser, que el lector sepa que esta gente sabe lo que se hace. Y natuiralmente, todo firmado por gente aparentemente importante, con altos cargos en la compañía. Ante todo, que impresione.

La primera reacción del que recibe la carta es posible que sea asustarse. Nunca es agradable recibir amenazas y mucho menos si son amenazas de juicio, ya que la palabra "costas procesales" suele intimidar, y uno ya se ve pagando una millonada en abogados propios y contrarios, y a veces la tentación de "pago esos 200 euros y me olvido" existe. Además, ¿y si por estar en un registro de morosos no me conceden un préstamo el día de mañana?

Pues que nadie se alarme. Esas cartas son faroles como soles, que no van a ninguna parte. Las empresas gestoras de cobros, al menos con las que yo he lidiado (especialmente Gespand Abogados, y Asnef-Equifax) son unas chapuceras de cuidado, y sus cartas deben ser tomadas en la misma consideración que un monólogo del Club de la Comedia.

En primer lugar por las temidas costas. No existen, son mentira. Bueno, no es que no existan, pero por la cuantía que se suele reclamar, inferior casi siempre a 900 euros, el tipo de procedimiento es uno en el que por ley no hay costas, y ellos lo saben, es un farol.

En segundo lugar, porque son una panda de chapuceros. Primero, por mandar una reclamación por escrito por correo ordinario. No tienen la decencia de mandarlo por correo certificado, cuando la medida más elemental a la hora de mandar un requerimiento formal es asegurarte de que el requerido lo recibe y lo puedes demostrar. Eso le quita bastante rigor a su "diez días desde que recibe la carta".
Chapuceros porque gestionan bases de datos, y cada vez que la operadora cambia de manos (algo no muy raro en Internet) vuelven a dar la murga de forma indiscriminada, y chapuceros también porque es imposible contactar con ellos. En la carta venían un par de números de teléfono, a los que intenté, en vano, de llamar, ya que siempre me salía el contestador, y desistí cuando tras escuchar por tercera vez en la grabación "por favor llame de 10:00 a 14:00", y eran las 11 de la mañana.

Así que la única forma de comunicarse con ellos es por escrito, y así lo hice cuando vinieron a dar la matraca a uno de mis clientes, el cual había sido cliente de la operadora, sí, y que harto de que no le funcionara el Internet, y de quejarse sin respuesta, se dio de baja, y le seguían llegando recibos, que como es normal, rechazaba. La carta que les envié no la recuerdo exactamente, pero sí recuerdo que venía a decir, y traduzco del legalés al español llano (que es otra forma de llamar al castellano) algo tal que "A ver, salaos, mi cliente no os debe absolutamente nada, vuestras amenazas nos las pasamos por debajo de la pata, y como tengáis los santos cojones de meter una demanda, el que os va a demandar soy yo, por lo que sí cobrasteis y no disteis. Por cierto, ya estáis quitando a mi cliente de ese registro de chichinabo pero ya, o la tenemos". Y funcionó, porque no volvieron a dar señales de vida.

De todas formas, la experiencia me dice que lo mejor es ignorarles por completo, y aunque de cuando en cuando manden oleadas de cartas, es papel que no llegará a ninguna parte. Además, aunque realmente algún día les diera por cumplir sus vacuas amenazas, lo peor que podría pasar es tener que reclamar lo que exigen, ni un céntimo más.

Y por terminar, en cuanto al registro de morosos, pues sin miedo. Técnicamente un registro de ésos no certifica que A le deba dinero a B, sino que certifica que B dice que A le debe dinero, lo cual es técnicamente cierto, y en consecuencia los bancos se pasan por la epiglotis determinadas "deudas" que ahí aparecen.

Mi consejo: si os llega alguna carta de éstas no os asustéis, no va a pasar nada. Ladran y no muerden. Van de farol y lo saben, y su jugada es pedir a todos que alguno colará. Echad unas risas, y si queréis guardad la carta por si acaso.

Publicar un comentario