jueves, 8 de mayo de 2008

Memorias de un ex-abogado (XX)

Casino no, pero furcias... unas cuántas.

Capítulo XX: El proxeneta.

Nunca una doble X fue un número tan bien traído, en atención a la temática que nos ocupa, en una entrada breve, pero de alto contenido sexual (por eso la publico a estas horas, para que no la lean los niños).

El cliente, en esta ocasión, era el propietario de un inmueble, que tenía alquilado, como vivienda, a un tal Nicanor.

Los problemas empezaron cuando se destapó la verdadera finalidad con que Nicanor había arrendado la vivienda, que no era otra que la de montar un lupanar, en el más literal de los sentidos. Obviamente, aquello era causa de resolución de contrato, ya que "vivienda personal" no es sinónimo de "prostíbulo", aparte de que estar a malas con los copropietarios del inmueble no es plato de gusto, así que comenzó el proceso judicial.

Lo mejor de todo era leer la contestación a la demanda, con una historia rocambolesca, que venía a decir algo así:

"Yo trabajo en Vitoria, con lo cual entre semana apenas paso por casa, y la que se queda es mi mujer (su "mujer" era una chica boliviana de escasos 20 años), que como se siente sola, entre semana suele quedar con sus amigas, que se suelen quedar a dormir en casa, y a veces se llevan a sus novios (que son señores de 50, barrigones y calvos, mito erótico para cualquier veinteañera)".

No explicaba por qué había un datáfono para pasar la Visa en el mostrador, lo cual es una pena, porque habría sido divertido. La pena es que el tal Nicanor no se presentó al juicio (con lo que obviamente se ganó) yá que habría sido tronchante escuchar su versión en directo.

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