jueves, 29 de mayo de 2008

Mal de ojo

Si las miradas mataran, yo llevaría muerto mucho tiempo.

En mi trabajo, sobre todo cuando me toca atender al público, me encuentro con mucha gente indeseable, la mayoría son civilizados y educados (algunos son unos jetas de cuidado, pero normales en el trato) y otros son como para meterlos en un corral, y ayer me topé con una dosis de impresentabilidad graciosa.

Para abrir boca me tocó una señora, difícil en el trato, que se quejaba de que le habían "cortado la paga", y al mirar veo que es porque se le pidieron unos papeles (fotocopias de las nóminas de su hijo) que no trajo, y cuando se lo comento, ella indignada y ofendida, erre que erre con que sí los trajo. Que si somos unos impresentables, que si no sabemos lo que hacemos, que si tal, que si cual. Le digo que puede patalear todo lo que quiera, pero que lo más sencillo es que las traiga otra vez, y así se arregla todo antes. Ella enquistada en que no tiene por qué trarelo, que quiere hablar con el responsable, que tal, que cual, y bueno, al final le digo que hablaré con la trabajadora social, que en ese momento no puedo, porque no está, pero que le llamo. La señora, que no se iba, ahí plantada, con 30 personas en la cola, y pidiendo que le diera cita.

No sé ni cómo, consigo convencerla de que por mucho que se quede ahí de pie, bloqueando la cola, no va a conseguir que hable antes con la trabajadora social, y se larga.

Llega la parte graciosa. Normalmente, cuando acabamos con un cliente, anotamos en observaciones lo que haya que apuntar y hacemos cosas, no nos tocamos la barriga, pero eso hay gente que no lo entiende, y cuando cree que le toca el turno y ve que se va el anterior, ya los tienes pegados al mostrador, y deberían saber que hasta que no sale su número en pantalla no se les va a atender.

Especialmente en casos como el de ayer. A veces pasa que alguien va a la ventanilla que no es, y se le reenvía, y para que no tenga que coger número de nuevo, va con el suyo, pero cuando le toque, claro, y puede pasar que después del E38 no vaya el E39, sino el F15. Que era lo que pasaba ayer.

Pero claro, convence a una persona que lleva media hora esperando, y cuya educación es inferior a la de un chimpancé, que si no sale su número en pantalla no le toca, y que E39 no es lo mismo que F15. La chica, que además no sería muy mayor, no le echaría más de 25 años, quejándose y despotricando, que si no le quiero atender, que si soy nosequé, y cuando su númro salió, para la ventanilla de al lado, se largó, no sin antes lanzarme una especie de maldición gitana.

Y en el apartado de anécdotas de ventanilla, una que no merece una entrada entera, pero que tiene su cierto valor anecdótico. Un señor que vino a primera hora, a hacer una gestión, que no era mía, sino del otro departamento, y cuando le dije "tiene que ir a la otra ventanilla", en vez de ir a la que le indiqué, se puso de pie en la ventanilla contigua a la mía. En la que no había nadie. (Que es la que se usa de refuerzo cuando hay mucha gente en cola)

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