martes, 26 de mayo de 2009

Spinning

Nobody rides the spanish Inquisition

Unas breves líneas* para dedicar una oda a uno de los métodos de tortura más sofisticados del S. XXI, el arte de la bicicleta estática, pero con su anglicismo Spinning, o Schwinning, que hace quedar como más cool (molón). Porque no es lo mismo decir "me voy a pedalear como un macaco en una bicicleta estática" que decir "me voy a hacer Spinning". Pero el efecto es el mismo, y estoy convencido de que cuando Jack Bauer quiere interrogar a un terrorista lo sube a uno de estos siniestros artilugios. Pero como sacar eso en pantalla es demasiado cruel, decidieron suavizarlo y hacer que simplemente torturara.

*Ni breves ni nada, son tan largas como siempre, lo que pasa es que son pocas.

Por si ya pedalear fuera poco esfuerzo, y no costara seguir el ritmo de la música con las pedaleadas (especialmente dífícil en personas de escasa coordinación musical, que es el caso) y de andar cambiando de postura de vez en cuándo para simular montaña, que entre tanto ponerse de pie y sentarse uno ya no sabe si está en el gimnasio o en misa, y que encima llega siempre cuando parece que se le coge el ritmo a la pedaleada, está la resistencia, que gradualmente hay que ir añadiendo, con lo que la pedaleada debe ser cada vez más fuerte, en paradójica contraposición al hecho de que las piernas están cada vez más cansadas.

El sudor cae, el calor aplasta, las piernas se quedan sin fuerza, y el sillín es un auténtico tormento para las nalgas, mientras el instructor, o en su caso el video, siguen con esos mensajes de ánimo "venga, un poco más, que ahora viene lo difícil" ¿Lo difícil? ¿Es lo mismo pero con descargas eléctricas?

Dicen que los agujeros de gusano viajan en el tiempo, y yo he llegado a la conclusión de que los gusanos hacen spinning, ya que esta actividad puede hacer que la aproximadamente media hora que dura tarde más en transcurrir que el resto del día, haciendo que los segundos parezcan horas, mientras miramos extenuados nuestro reloj, y la vocecilla nos promete que la próxima canción será la última.

Lo dicho, una tortura cruel e inhumana. Y tras este desahogo literario me voy al gimnasio, que tengo clase de Spinning.

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