jueves, 16 de junio de 2016

Crónicas de Amsterdam: domingo, lunes y martes

Con el neociudadano.

Seguimos con el relato donde lo habíamos dejado, yéndonos al sábado. Como anuncié, tocaba ver el museo de Van Gogh, que a pesar de estar muy bien nos deja un poco el regusto amargo de no ver algunos de sus cuadros más emblemáticos expuestos, por estar en otros museos (lo que tiene no informarse antes). De ahí vamos a la explanada del Rijksmuseum, al que no entramos y luego la ronda de las iglesias. Primero la Neuekirk, con una soberbia exposición de fotografía, la Oudekirk y una iglesia católica clandestina que había en una de las casas de los canales. 

Así que por la tarde, para compensar tanta iglesia, tocaba irse a la otra faceta de Amsterdam y hacer el tour guiado por el Barrio Rojo, tan divertido como recomendable. Tras la ruta, malcenamos en un McDonalds, por ser lo único abierto a esas horas y nos retiramos.

El domingo por la mañana visitamos la casa de Anna Frank, la cual yo ya había visto años atrás, y que me había impactado, por lo que tenía ganas de volver, y la verdad es que es una visita imprescindible a la ciudad, para quien le interese el tema. Luego vamos primero a ver el patio de las Beguinas y luego museo de Amsterdam, que está muy bien, con cosas interesantes, pero el cansancio se empieza a notar.

Algo muy típico.

Por la tarde, y tras hacer la compra (capullos de tulipán) en el mercado de las flores toca algo no tan turístico pero más ilusionante aún si cabe, pues uno de los motivos de este viaje era el de ver a mi primo, que ha tenido a bien ser padre recientemente, por lo que procedía la oportuna visita familiar para ver al sobrino, lo que explica la foto que abre la entrada.

Tras la visita, paseo por el barrio de De Pijp, que siendo lunes resulta de lo más soso, otra vuelta por el bullicio del centro y regreso a casa.

El martes, el placer de podernos levantar a una hora razonable, despedirnos del casero, ir a la estación, coger el tren del aeropuerto, esperar la media hora que se retrasa nuestro despegue a causa de la torrencial tromba de lluvia que nos despide (si tiene que llover en un viaje lo ideal es que sea así, todo de golpe y al final), coger el vuelo y a casa. Un viaje agradable en una ciudad que me encanta. 
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