jueves, 6 de marzo de 2008

Estúpida mesa de escritorio

¡Sin que, de momento, se caiga a cachos!

Mi primera incursión en el maravilloso (aunque a veces frustrante) mundo del bricolaje, ha sido exitosa.

Necesitaba una mesa de escritorio para mi cuarto, ya que poner el ordenador, la tele y esas cosas en el suelo queda un poco cutre, y me lancé a comprar uno. El primer día fue de prospección, así que acompañado por mi señor padre y mi compañero de piso, me pasé por Makro, Ikea, Conforama y el Carreful, y no compré ninguna, aunque sí le eché el ojo a una. No obstante, no nos fuimos con las manos vacías, puesto que en el Makro compramos abastecimiento para poblar el mueble bar del salón.

Otro día, creo que fue el martes de la semana pasada, fui ya finalmente, y con paso decidido a Conforama, a por la mesa que más me había convencido, una vez comprobado que me iba a caber en el cuarto, así que, acompañado por el ex-compañero de trabajo, Don Joseba, me fui a por la mesa, aunque opté por pagar los 30 euros de suplemento para que me la llevaran a casa (ese cancarro no me cabía en el coche) pero en pleno acto de virilidad fálica y bravuconería bilbaína decidí no pagar los 40 euros suplementarios de montaje.
Algo de lo que me arrepentí varias veces a lo largo del sábado a la mañana cuando me trajeron la mesa, y me sentí abrumado por una cantidad de tablas, maderas y tornillos, con los que no sabía qué hacer.

Me metí a descifrar las instrucciones, al grito de "¡debí pagar esos 40 euros!" pero por otra parte pensaba "¡por mis cojones que yo monto esta mesa", mientras daba vueltas y vueltas a las tablas y miraba y remiraba las escuetas instrucciones, buscando en la bolsa de tornillos una piedra de Rosetta que me permitiera descifrarlas y enterarme de algo.

Las tablas llevan, como es lógico, su numeración, para que en las instrucciones te pueda poner "ensambla la tabla X con la tabla Y y luego atornilla la tabla Z mientras haces el pino para que te quepa el injerto que has hecho con la tabla A y la B", pero como los señores de Conforama se preocupan por hacer más ameno el tiempo de ocio de sus queridos clientes, en primer lugar las tablas no tienen puesta ninguna numeración que permita saber cuál es cuál, y por otra parte, las instrucciones resultan ser un divertido pasatiempo, jugando al "descubre la errata", y resulta divertido descubrir que donde pone "tabla 8" debería poner "tabla 4" en uno de los pasos y "tabla 11" en otro.

Pero tras casi una hora de dar vueltas a las tablas, medirlas, hacerse esquemas mentales de dónde hay que encajarlas y recitar la genealogía completa del diseñador, las tenía numeradas y con la certeza de cuál era cuál. Tocaba lo que creía que era la peor parte: montarla.

Pero mira, no era tan terrible, y poco a poco la cosa iba avanzando, y las piezas iban encajando, los tornillos que venían con la mesa eran suficientes y encajaban a la perfección, y poco a poco la mesa iba tomando forma de mesa.

Quedaba el último escollo, que era montar la puertecita del armarito de la derecha, ya que en un último momento gracioso, el fabricante decidió obsequiarme con una puerta que no venía preperforada y una explicación de cómo ensamblarla que, vamos, preferiría un audiolibro de Ozores.

Mas no hay pieza de la mesa que se me resista, y pese a la preceptiva y ya tradicional retahíla de juramentos y cagamentos varios, la historia acaba con el feliz desenlace de la puerta correctamente atornillada y que hasta se abre y se cierra.

La mesa estaba acabada, y contra todo pronóstico, y aunque ello hubiera hecho más divertido este relato, ninguna de las piezas estaba al revés, ni había piezas que no encajaran. Esta batalla la había ganado yo.

Jokin 1 - Bricolaje 0

¡Chúpate ésa, Bricomanía!

Disclaimer: Ningún animal fue dañado durante el montaje de esta mesa. Todos los juramentos y palabras malsonantes emitidos durante el proceso están libres de Copyright.
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