viernes, 7 de marzo de 2008

Final Fight

Montaje realizado por Azmetal

Hoy termina la campaña electoral, y siempre que estamos en campaña me acuerdo de este mítico videojuego de principios de los 90, uno más del género de avanza-pega-avanza, siguiendo la estela de juegos como Double Dragon, pero punta de lanza del aluvión de juegos del género que vendrían después, siendo uno de los mejores, o al menos de mis favoritos, y un auténtico sumidero de monedas de 25 pesetas.

La estructura, simple, hay 3 personajes (Haggar, el fortachón; Guy, el rápido y Cody, el intermedio)y por delante una interminable ristra de enemigos a los que pegar, toda una ciudad por la que ir produciendo heridas incisocontusas a un elenco de sicarios a cual más hortera.

Los enemigos son muchos, diversos y usualmente feos, pero por suerte hay cosas que nos ayudan. Tenemos armas con las que sacudir a los felones, objetos que nos dan puntos, encaminados a obtener la tan ansiada vida extra, como joyas, relojes, billetes de curso legal... Y sobre todo la comida: pollo asado, hamburguesas, pizza humeante, el chicle recién escupido de un policía (verídico) Y lo mejor es la forma de obtenerlos, normalmente escondidos en cajas polvorientas o cubos de basura. ¡Sí, puedes pegar una patada a un cubo de basura y comerte ese delicioso pollo asado que estaba dentro!

¿Y qué tiene que ver esto con la campaña electoral?

Bien, pues resulta que el argumento es muy simple: Jessica, la hija de Mike Haggar, antiguo luchador de wrestling, ha sido secuestrada, y el tal Haggar, acompañado por el novio de su hija y su amigo pagafantas, va a rescatarla a mamporros. Pero es que además de ex-luchador, Haggar es el alcalde de su ciudad.
 
¡Toma campaña!
En efecto, todo un alcalde, a pecho descubierto, sacudiendo a la gente que se encuentra por la calle. En el parque, en el metro, en la calle principal. Todo un alcalde que golpea un cubo de basura para zamparse su contenido o que mastica con fruición el chicle recién escupido por el jefe de la Policía Municipal, antes de proceder amablemente a partirle la cara. Todo un alcalde, rompiendo a cabezazos una cabina telefónica para coger un reloj que hay dentro.

¿Y qué decir de esa fase de bonus en la que hay que destrozar con vehemencia un coche?

Ni OTA ni hostias.

Todo esto viene a raíz de cierto día en el que echando una partidilla empezamos a fabularnos que Haggar era el alcalde de Bilbao, y nos empezamos a imaginar a Iñaki Azkuna vestido de esa guisa y que, por tanto, sus compañeros debían de ser Basagoiti y Oleaga (portavoces de PP y PSOE en el consistorio bilbaíno)

La imagen mental resulta cuando menos simpática, y emplazo a los no residentes en Bilbao a que os imaginéis a vuestro primer edil, con el pecho descubierto, golpeando a los pobres pasajeros del metro con una tubería de acero, emulando al ficticio alcalde de Metro City.

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