martes, 11 de marzo de 2008

Memorias de un ex-abogado (XVIII)

Nada que ver con la televisión.

Capítulo XVIII: En la cárcel

Esta entrada, que escribo a petición popular, será la menos gamberra de mis memorias, puesto que la temática sobre la que versa es algo más serio que lo habitual.

Data de los tiempos en los que yo, recién colegiado, compartía despacho con el innnombrable, y uno de los asuntos que tenía entre manos era el de un hombre, llamémosle Federico, que estaba en prisión provisional y a la espera de juicio. El delito creo que da lo mismo.

Pedro me contó que tenía que visitar a su cliente (pues era un cliente suyo) y me propuso acompañarle, y yo, ávido de aprender cosas nuevas en mi recién iniciada carrera profesional, acepté.

Así pues, fui al Colegio de Abogados, con mi flamante nuevo carné de colegiado, para que nos facilitaran los papeles para poder entrar (y sobre todo salir) en el centro penitenciario, y ya con los papeles nos fuimos hacia Basauri.

Ya desde fuera el sitio resultaba bastante gris y deprimente, y una vez dentro, la atmósfera opresiva se deja notar, y aunque no llegas a acceder a los módulos donde están los presos, y pese a lo que salga en algunas películas, las celdas no las visita el abogado sino que hay unas salas habilitadas para eso, donde puedes hablar con el recluso a través de un ventanuco.

Y de la entrevista, en la que yo no intervine, me quedo con el mal cuerpo que me dejó la misma, ver al pobre Federico, la desesperación en sus ojos y el auténtico sufrimiento, que confirmó la idea que yo ya tenía preconcebida de la cárcel, que eso no es precisamente un hotel. Mal cuerpo que dejaba el pensar "si a mí, que me voy a ir de aquí y voy a salir por la puerta en cuanto termine la entrevista me resulta deprimente, no quiero ni imaginar cómo le tiene que sentar a Federico, que sabe que tiene que quedarse".

Lo peor era la duda que generaba la entrevista. Y o sus ojos mentían muy bien, o tengo mis serias dudas de que fuera culpable. La duda, y el no saber qué fue de él, ya que al irme del despacho de Pedro perdí por completo la pista a todos sus asuntos.

Esta entrada no pretende ser ningún alegato anticarcelario, pero sí me gustaría invitar a la reflexión a quien alegremente pide penas de cárcel y habla de lo barato que resulta delinquir.

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