martes, 25 de marzo de 2008

Requiem por un pendrive

Foto de la mesa de autopsias


Hoy se ha muerto mi pendrive. No es el único que tengo pero sí el primero que tuve, un cancarro de 256 años que me regaló mi padre hace ya unos añitos (creo que 4) con nada menos que 256 megas de capacidad (cantidad que hoy día parece irrisoria) Simplemente ha dejado de funcionar.

Ese pendrive fue mi instrumento de trabajo cuando fui abogado, y por ahí han pasado demandas, recursos, escritos, contestaciones, minutas... toda una carrera profesional (breve, pero carrera profesional al fin y al cabo) y también han pasado muchas de mis creaciones; fotomontajes, partidas de rol en vivo, relatos... o papeleos diversos, como cuando fui secretario de mi asociación.

El pendrive, al cual a título póstumo llamaré Piticlí, sufrió muchos golpes a lo largo de su carrera, algunos de ellos de aparente letalidad, pero aguantaba como un campeón, y su última tarea, portar la partida "Superman: el enemigo interior" la cumplió con orgullo y honor, antes de fallecer definitivamente ayer, 24 de marzo de 2008.

Por suerte, tenía copia de seguridad del contenido del pendrive, y lo que podía haberse convertido en una monumental ristra de juramentos y blasfemias queda únicamente en algo anecdótico, sin dejar de ser cierto que cae otro lazo que me unía a mi pasado como abogado.

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