lunes, 27 de julio de 2009

Hellgame

El tablero y el juego son el Infierno

Un juego de tablero que va a caballo entre la diversión, la risa y el suplicio. En Hellgame los jugadores interpretan a triunviratos compuestos por los demonios de la tradición judeocristiana (Baal, Samael, Astaroth, Moloch, Paymon...), y pugnan por el control de los círculos del juego de Dante.

Y dantesco es tanto el planteamiento como el proio juego en sí, ya que es cruel y arbitrario, con una aleatoriedad exagerada, y un sistema de combate más doloroso que un bañito en el estanque de los parricidas, un componente azar que puede hacer que la mejor de las partidas se vaya al guano por una desafortunada sucesión de eventos aleatorios y un par de malas tiradas de dado.

Pero pese a eso, y si se dosifica bien, el juego puede llegar a ser divertido, siempre y cuando el jugador sea capaz de no frustrarse cada vez que su chiringuito se destruye, o aparecen Uriel y Lilith por la puerta bailando la conga para comerse sus tropas.

La mecánica del juego, en ultrarresumen, consiste en que cada jugador tiene de salida 3 demonios (que naturalmente, se reparten al azar, y algunos son mucho mejores que otros porque sí), y cada uno de esos demonios, en el orden que les corresponde según jerarquía infernal, hacen sus acciones, que pueden ser en el Infierno (donde están las batallas por el control) o en la Tierra, donde hacer cosas malvadas (la acción se llama así) da ventaja.

La unidad monetaria de Hellgame son las almas condenadas, y de hecho, hay fichitas para rerpesentar las almas, que se usan como quien usa el dinero en el Monopoly, y de ahí que mandar demonios carismáticos a la tierra tenga su utilidad.

Duración. Tan caótico es el juego, que lo mismo puede ventilarse en media hora como aguantar hasta 5, siendo incluso posible, aunque astronómicamente improbable, que un jugador gane de salida, si le sale de mano una determinada mano de cartas. Ésta es la grandeza de Hellgame.

Seguro que habrá quien lea esto y que piense que el juego es satánico, y que su mera mención arroja al jugador a las llamas del Infierno. A lo primero, que bueno, no seré yo quien le diga lo contrario, cosa distinta es qué implica que lo sea. Y en cuanto a lo segundo, bueno, el Infierno no puede ser peor que jugar dos partidas seguidas de esto...
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