jueves, 17 de noviembre de 2011

Interraíl (I)

Los 4 fantásticos.

Ya que este fin de semana estuve con Borja y Sappia, qué mejor momento para iniciar las historietas de este maravilloso viaje de ferrocarril y mochila que hicimos en 2002. Así pues, como suele ser lo habitual y correcto, creo que es mejor empezar por el principio.

Preparativos

Aquí tampoco hace falta extenderse mucho, pues no había mucho más que comprar los billetes (anticipadamente, claro) y organizar la mochila. También cámaras de fotos (pena que una la perdí en Grecia) y un objeto que a la postre fue un elemento fundamental en el viaje; una libreta de propaganda de Movistar, que nos sirvió para ir apuntando todas las chorradas que nos ocurrían y se nos ocurrían, y que me sirve ahora para recordar mejor algunas de las anécdotas del viaje. (Allí apuntábamos, por ejemplo, la lista de personas que nos íbamos encontrando por el viaje, y que por unos u otros motivos nos cayeron mal). En ese cuaderno también escribía un terrorífico ripio cada vez que hacíamos un viaje. Empezando con:

Bilbao-Hendaya: Con alegría y parabienes, partimos de Vizcaya.

Pese a que la mayor parte del viaje fue en tren, la primera etapa fue en autobús, ya que el pase no nos incluía los trenes españoles (era zona distinta) y nos salía más económico ir en autobús a Hendaya y allí coger el tren. Ahí poco que contar, una estación sin más, y en cuando llegó nuestro tren, nos enfrentamos a nuestro primer viaje largo:

Hendaya-Niza: Confundir Ginebra y Génova nos expone a acabar en Suiza.

Geneve no es Génova, recordad. Nuestra idea era ir a Italia, por lo que nos valía cualquier tren que nos llevara o acercara allí. Pero casi metemos la pata y, confundiéndolo con Génova, cerca estuvimos de coger el tren a Ginebra. Esto habría sido una putada, ya que Suiza no era de nuestra zona de interraíl, y el suplemento nos hubiera costado un pico.

Pero no fue el caso. Tomamos el tren hacia Niza, y el largo viaje, de varias horas, lo pasamos soltando chorradas. Especialmente en la forzosa parada técnica en Toulousse, donde el nivel de jocosidad alcanza niveles terroríficos. (Tu lus no me deja dormir, ahora me atu lus zapatus y me voy, etc.)

Más adelante, otra parada, esta vez en Marsella, donde el revisor nos despierta a gritos para advertirnos de que es zona de carteristas (le pickpocket), y algo después, cuando amanece, podemos ver el mar. Y a las 7 de la mañana, por fin llegamos a Niza.
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