miércoles, 23 de noviembre de 2011

La entrada

¡Al rico papelote, cada hojita a su sitio!

No todo en mi trabajo es atender al público o recibir llamadas telefónicas (o tomar cafés y hacer sudokus, según los malpensados) Y de hecho, solemos variar bastante, pues hacemos las tareas rotatorias. Y en esta ocasión voy a hablar de la que me ha tocado este mes, que suele ser una de las más puñeteras: hacer la entrada.

Básicamente consiste en coger toda la documentación que nos llega de registro, comprobar que estén bien los albaranes, clasificarla y hacer que llegue al sitio adecuado. Así dicho, parece fácil. Y salvo excepciones, suele serlo. El problema viene de que hay días en los que el volumen de papel es bastante elevado, sobre todo dada la materia que tocamos, y no es una cosa en la que lo puedas dejar de un día para otro. Hay que llevarlo al día sí o sí. Desde luego, no es una labor titánica, y lo normal es que dé tiempo. La putada es cuando toca turno de mostrador, o como ayer, que tenía el teléfono. Y es difícil concentrarse en algo cuando tienes el teléfono venga a sonar.

Si no, la tarea en sí no reviste demasiada complicación, salvo por los documentos DCPYE (¿Dónde coño pongo yo esto?), que nos hacen dar vueltas, o alguna vez que algún albarán viene con algún fallo y toca echarlo para atrás. Pero lo bueno es que, a pesar de lo que pueda parecer, es algo que suele hacerse duro pero ameno, ya que al final ves de todo y el reto que plantea "tengo que hacer esto hoy, y lo tengo que hacer bien, además sé que puedo" siempre es un incentivo. Eso sí, los días de muuuucho papel, o cuando llegan documentos de determinados ayuntamientos (no sería elegante decir cuáles), se caga la culebra.

¿Y para qué cuento esto? Por nada en particular, pero es mi blog, y hablo de mis cosas. Que para eso lo tengo. Y tampoco se me ocurría nada mejor que contar hoy.
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