sábado, 26 de noviembre de 2011

Sin pegar ojo

Mala idea.

Afortunadamente el título no es una metáfora sobre el insomnio, sino la resolución felizmente literal de un accidente doméstico que sufrí ayer.

Viendo la imagen no es difícil deducir de qué se trata. Me hallaba yo haciendo labores de bricolaje, cuando al usar pegamento, una minúscula gotita salió disparada hacia mi ojo. Momentos de tensión y susto, más bien acojone, y con la cabeza tan fría como permite la situación, a todo correr al cuarto de baño, a inundar el ojo con agua.

Bien. Sin problemas de visión, parpadeo normal y nada más que una ligera molestia, como si se me hubiera metido arenilla. Cojo el bote de pegamento, lo meto en una bolsa, y me preparo para salir de casa e ir a urgencias. No me molesta en exceso, pero no conviene dejar pasar estas cosas, que nunca se sabe. El ojo sigue picando.

Cuando voy a salir por la puerta, y estoy pensando en que voy a tener que tirarme 4 horas en la sala de espera, me acuerdo de que tengo igualatorio, y llamo. Allí me comunican que tengo servicio de urgencias, y además al lado de casa. Voy allí, y tras esperar no más de 10 minutos, enseguida me atienden. Me echan una anestesia y un colirio colorante para detectar posibles lesiones en la córnea. No tengo nada de eso. Me dan un colirio y a casa.

Media hora después, mi ojo ni se acuerda del incidente. Todo ha sido un susto. Hoy por la mañana, el ojo perfectamente. Y con cosas como las de ayer, me alegro de tener el seguro médico privado.
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