viernes, 28 de febrero de 2014

Misión: Ortuella

Parece un escenario de True Detective

Mi trabajo es generalmente de oficina, y aunque no tanto como cuando teníamos la RGI, suele ser lo que se puede considerar un trabajo más o menos monótono, pero cosas como la de hoy rompen la monotonía, ya que hemos tenido que salir de la oficina para ir a Ortuella en "misión oficial".

Contado así tiene bastante más glamour que si cuento como realmente ha sido claro. La cosa es que hacía falta una autorización de un usuario para recabar una documentación, la autorización que teníamos no nos valía y hacía falta para hoy, por lo que llamarle y decirle que la trajera otro día no entraba dentro de las opciones posibles. Y cuando la jefa ha propuesto la idea de que podría ir alguien a Ortuella a llevar al usuario en cuestión la autorización para que la firmara, me he ofrecido voluntario. O mejor dicho, cuando la jefa ha dicho que podría ir alguien a Ortuella, y que no hacía falta que fuera Trabajadora Social, que valía con un administrativo (en mi mente tosía, carraspeaba y me daba codazos mientras guiñaba el ojo) me he ofrecido voluntario. Así que hemos ido otro compañero y yo (sí, ha decidido que fuéramos dos, supongo que por el evidente peligro de tiroteos. Nunca viene mal tener fuego de cobertura.

La parte complicada ha sido localizar al usuario (lo de plantarnos ahí a ciegas era un poco locura) y después de múltiples intentos hemos conseguido localizarlo, y de paso que nos diera su dirección actual. Hemos solicitado el taxi (ir a Ortuella andando, con esta lluvia, era excesivo)  y ahí que nos hemos ido, carpeta en ristre. 

Ha sido algo tan sencillo como ir, darle la hoja para que la firmara (entre la estupefacción) y volver, pero por momentos nos sentíamos como agentes del FBI (hay que ver con qué tonterías se ilusiona uno), y lo cierto es que ha servido para romper la rutina.
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