sábado, 29 de mayo de 2010

Llegó el sofá

En su nuevo hogar

A rey muerto, rey puesto. Y es que tan pronto el viejo sofá salió por la puerta, el menda se apresuró a buscarle sustituto. Y fieles a su cita, los repartidores de Ikea tuvieron a bien traerlo ayer a la mañana (estando yo ausente, pero no mi inminente ex-compañero de piso) de modo que al llegar me llevé la agradable sorpresade una enooorme caja de cartón en medio del salón.

Solo podía tratarse de dos cosas: el sofá o un cadáver. Y la prueba olfativa descartaba la posibilidad de que se tratara de un difunto. Bingo. Era un sofá.

Procedí cuidadosamente a desembalarlo y a ensamblar las piezas (es decir, atornillarle las patas), a ubicarlo en su lugar preferente en el salón y a buscar acomodo a los sofás pequeños, los que venían con la casa.

Así, ya está el nuevo sofá, con espacio para 3 personas holgadamente, 4 apretujadas, y si lo usan dos personas, prácticamente puedes no coincidir con la otra persona, dada la distancia que hay de lado a lado. Algo especialmente cómodo cuando se trata de tumbarse delante de la tele.
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