jueves, 27 de mayo de 2010

Zombis en el mostrador

Cereeeeeeebros... y ayudas socialeeeeees...

De la crisis no se libra nadie, está claro, y eso afecta a colectivos de lo más variopinto.Y ayer, que fue un día de mostrador de lo más exótico, en el que tuve que atender, entre otros, a un mongol y dos coreanos (no eran Jin y Sun) vino una señora que podría entrar en la categoría de muerto viviente.

Al igual que me pasara anteriormente con una señora a la que se imputaba una pensión de viudedad, y que venía con su marido en un aparente estado de "vivo y coleando" (que luego resultó que la pensión existía, pero era jubilación) ayer vino una señora, que a ojo de buen cubero estaba viva (no soy médico, pero para algo me tiene que servir el curso de primeros auxilios) a la cual le había llegado la notificación de extinción por fallecimiento. Y la señora, insisto, no tenía aspecto de haber fallecido.

Afortunadamente el tema estaba ya solucionado, y había vuelto a cobrar sin mayores incidencias, quedando la cosa en el mero terreno de lo anecdótico.

En el terreno que va más allá de lo anecdótico queda la otra historia, de una usuaria de las que consiguen tocar mis narices (y a veces por desgracia en el sentido tanto metafórico como literal) por su sinvergüenza y su desfachatez.

Venía quejándose de la putada que le habían hecho, que le habían quitado la paga por la jeta, que a ver cómo iba a hacer frente a los gastos, etc... lo de siempre,vamos.

Consulto en observaciones y leo en las causas: "incumplimiento de convenio de inclusión y baja voluntaria en el trabajo". Ah, qué bien. Le explico que la suspensión se debe a ese motivo, y me responde que es que se puso enferma.

Haciendo un acto de fe decido creérmelo y le indico que lo que tenía que haber hecho era ir al médico, a que le diera la baja. Me dice, según si la frase es par o impar, que fue o que no fue, pero la mayoría de las excusas en que se deshace desembocan en que "solo me dio para una semana", "es que me cambié de casa"... Claro, tener que coger un autobús es motivo suficiente para dejar el trabajo, como todo el mundo sabe. Y además, sus dos frases más repetidas eran "¿cuándo voy a cobrar?" y "¡Qué putada me habéis hecho!".

Si dijera siempre en alto lo que pensara le habría contestado que "espero que lo más tarde posible" y "la putada te la has hecho tú solita, maja". Pues este es concretamente el perfil de preceptor de Renta Básica que me indigna, y por cuya culpa los que realmente la necesitan quedan en el centro del disparadero.
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