lunes, 2 de febrero de 2009

Memorias de un ex-demandante de empleo. [XIII]

Igualico pero sin pistola.

Entre las muchas cosas que me tocó hacer en los años de incertidumbre y tumbos, hay una que destaca por pintoresca, ya que durante un tiempo fui:

Juez de Paz

No miento, es verdad. Durante un breve periodo de tiempo fui el juez de paz suplente de una pequeña localidad costera llamada Zierbena (un pueblo bastante bonito, por cierto), aunque al ser suplente solo me tocó ejercer como tal un par de veces.

El cómo llegué a ser juez de paz es curioso. Vi que en la página de Lanbide estaba anunciado que hacía falta juez de paz den Zierbena, y eché la instancia por echar, medio en broma, y hete aquí mi sorpresa cuando un par de meses más tarde me anuncian de mi nombramiento.

Un juez de paz, más que un empleo, es un cargo honorífico, que técnicamente no está integrado en el organigrama judicial (aunque por ley siguen teniendo el tratamiento de señoría) y el que sea honorario se traduce a que no es retribuido. Pagan algo, pero es poquito. Pero bueno, como solo fui un par de días, tampoco pude comprobarlo, me suena que me pagaron 40 euros por ir un par de veces, pero no estoy seguro.

El trabajo en sí es más administrativo que otra cosa, firmar papeles, exhortos (casi todo lo que tiene un poco de entidad se envía al Juzgado de 1ª Instancia del que depende, y a esa solicitud se le llama exhorto) temas de registro civil (firmar certificados de defunción, nacimiento, matrimonio) así que habrá gente a la que he declarado oficialmente muerta (¿eso da PX?). Y bueno, de leyes poco hay que saber, tanto es así que entre los requisitos para ser juez de paz no está el de ser licenciado en Derecho (aunque creo que daba puntos, igual que el tener euskera).

Como ya he dicho, fueron solo dos mañanas las que ejercí mi cargo, coincidiendo con la ausencia de la titular, y cuando un tiempo más tarde me llamaron para decirme que al haber renunciado la titular al puesto pasaba yo a ser el titular, me vo obligado a renunciar, dado que es cuando estaba trabajando en Vitoria, y ambas actividades eran bastante incompatibles.

Quién sabe qué locas anécdotas me habría encontrado de haber permanecido en el puesto, ¿habría oficiado bodas? ¿habría levantado cadáveres? ¿habría dirigido juicios de faltas? En fin, que no pasa de ser algo meramente anecdótico, pero puedo presumir, sin miedo a ser un mentiroso, que durante un tiempo fui juez.

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