viernes, 20 de febrero de 2009

Nunca apuñales una botella de Coca-Cola

A toda botella le llega su San Martín

Hay veces en las que la Ley de Murphy se cumple a rajatabla, y más cuando se dan ciertas circunstancias en una persona de natural patoso y propensa a catástrofes espectaculares como es mi caso.

Esta refrescante anécdota tiene como protagonistas un cilíndrico artefacto explosivo llamado "botella de Cocacola" y un en apariencia inofensivo cuchillo de pan. Tenía gente en casa, estábamos estrenando la Xbox, y en un momento dado fuimos a la cocina con la intención de tomar un refrigerio, y puesto que no había nada en la nevera, acudí al armario de las botellas. Hasta aquí todo normal.

Las botellas de tan carbonatada bebida suelen venir de dos en dos, unidas por la etiqueta de plástico, que es preciso seccionar para disolver la comunidad de siamesas, una actividad en principio sencilla y carente de peligro, así que acerqué el cuchillo de pan a las botellas, a fin de proceder a tan rutinaria actividad, cuando algo falló, y el cuchillo perforó la epidermis botellil, penetrando su delicada carne, con una EXPLOSIÓN digna de película de Roland Emmerich, saltandome a la cara (y vaya si escuece eso en los ojos) y a otras partes de la cocina. Verdaderamente impresionante. Mi camiseta tenía más Coca-Cola que la planta de Norbega, y había bebida en la nevera, en la lavadora, en el techo, terraza, suelo... 2 litros dan mucho de sí.

Tras un buen rato conseguimos dejar la cocina nuevamente presentable, aunque quitar el olor a Coca-Cola costará algo más.

Esta entrada no ha sido patrocinada por Pepsi.

Publicar un comentario