viernes, 17 de abril de 2009

Crónicas de un ex-demandante de empleo [XVI]

¿Hacienda y la BBK dando dinero? No, solo lo devuelven.

Ahora que se acerca la campaña de la Renta, el periodo en el que la mayoría de los contribuyentes reciben felices el dinero que Hacienda les "da", y otros pagan malhumorados su cuota tributaria, viene muy a colación esta entrada, ya que entre mis múltilpes empleos estaba:

La campaña de la renta en la BBK
1: Galdakao


Había hecho el curso. La teoría la dominaba bien, y el programa lo manejaba de forma adecuada, pero me enfrentaba al dilema del novato, me daba cuenta de que no sabía hacer la O con un canuto, y que no sabía qué hacer con los papeles.

Mi trabajo consistía en que los clientes de la sucursal me traían los papeles, y yo les hacía la declaración de la renta. Hasta ahí bien, pero luego, ¿y qué hago con los papeles? ¿qué meto dentro de cada sobre? ¿dónde les hago firmar?

Lógicamente, le fui pillando el truco, y a la fuerza, ya que mayo era un aluvión de gente, que no te dejaba tiempo ni para respirar. No así junio, donde como todo el mundo tenía ya hecha la declaración, no venía nadie, y me aburrí como una ostra. Encima, como el ordenador no tenía internet, mi mayor diversión era escribir cosas en word (al menos las podía mandar por e-mail) ¿un protoblog de Jokin?

Para que luego digan que en la Administración Publica no se trabaja y en la privada sí, doy fe de que nunca he trabajado menos que aquel junio de Galdakao, en el que estuve días enteros, desde que entraba a las 8 hasta que salía a las 2, sin hacer absolutamente nada. Y donde digo nada es nada. Horroroso aburrimiento.

En cuanto a anécdotas, siempre me acuerdo de estas dos. Una, la de un tipo que vino a hacer la declaración, y se topó con que no se podía deducir a la hija de 10 años, y todo porque la niña tenía unos ingresos por acciones de 7.000 euros.

Le dije que la hija tenía, por tanto, obligación de hacer la declaración de la renta, y claro, el hombre me decía que cómo iba una niña a hacer la declaración. Mi respuesta fue "bueno, es que tu hija gana más que yo". Y claro, él ya me decía "bueno, es lo típico de que hemos puesto las acciones a nombre de ella, y..." Vamos, que por querer hacer la trampa y ahorrarse 4 perras, le salió el tiro por la culata. Es lo que tiene ir de listo por la vida sin saber.

Recuerdo también, con horror, una señora que vino dos días con sendas declaraciones de sus hijos.

Su hijo tenía un piso comprado un par de años ha en Castro (de momento Cantabria, y fuera del ámbito de la Hacienda foral de Bizkaia) y le pregunté si el hijo vivía ahí. Ella me contestó que sí, a lo que le dije que entonces tenía que hacer la declaración en Castro. "Es que está empadronado en Galdakao". Ya bueno, pues entonces puede declarar aqúí, pero no se puede deducir la hipoteca de Castro, porque no cuenta como su casa a efectos de Hacienda. "Ya, pero es que el vive allí". Bueno, señora, pues entonces allí tendrá que hacerla. "Pero es que está empadronado aquí". A ver, su hijo, o vive en Castro o vive en Galdakao, que la Norma Foral no contempla el don de la ubicuidad. Castro o Galdakao, la que quiera, pero solo una.

...

Vale, hazla aquí pero metele la vivienda de Castro.

...

No, esto no funciona así. Si vive en Castro tiene que declarar en Castro, y si vive aquí, entonces no vve en Castro, y por tanto no puede declarar esa vivienda como habitual.

[inserte bucle]

Al final, con mediación del director, y ante su insistencia, le hicimos firmar un descargo donde ponía "me han explicado que si vivo en Galdakao la vivienda de Castro no es la habitual, pero aun así la declaro", y tras explicarle que haciendo eso le iría Hacienda a reclamar lo de años anteriores, accedió, y así fue la declaración.

Obviamente, tal escena hizo que cuando vi a la señora aparecer nuevamente con un taco de papeles por la sucursal, camino de mi mesa, el vello de mi nuca se erizara a causa del terror. Traía la declaración de su hija.

Primera en la frente. La hija tenía actividades económicas (trabajo por cuenta propia, para entendernos) por lo que no le podíamos hacer la declaración. Se lo intento explicar. Ella erre que erre "que mi hija no, que mi hija no". El papel delante. "Pero señora, será de algún curso que ha impartido, o algo". "No, no, no, mi hija no". El papel, con el apartado de "actividades económicas" brillando y emitiendo soniditos. La señora jurando y perjurando, defendiendo el honor de su hijita. ¿cómo una persona decente iba a tener actividades económicas de ésas?

Solución, nuevamente con la mediación del director de la sucursal. "Bueno señora, hacemos una cosa. Este papel usted no nos lo ha traído, nosotros no sabemos que existe, y le hacemos la declaración con el resto de los papeles" (y ya se las entenderá con Hacienda)

Pesadillas, oigan, pesadillas.

No recuerdo ahora mismo ninguna otra rocambolesca, pero como un par de años después volví a trabajar en la Renta, en la BBK, dedicaré otra entrada a tan lucrativa actividad. (Por el poco curro que era estaba muy bien pagado)
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