lunes, 6 de abril de 2009

Crónicas Turinesas (I)

2 piñeros (y pico)

De vuelta en Bilbao, tras un fin de semana de baloncesto (y Pizza), habiendo disfrutado de un evento baloncestístico como este, en compañía de otros aficionados, y tal, todo muy bonito. Pero vamos a la anécdota, a los detalles truculentos, que es lo que gusta al lector.

Kalimotxo en Turín (si me hice uno en Manhattan, tenía que hacerme uno con vino italiano)

Partimos de Santander el miércoles, con destino al aeropuerto de Orio (no es que a Hondarribia le haya salido competencia, es que el aeropuerto de Bérgamo se llama así) y según aterrizamos, pese a que había gestionado el roaming, plaf, sin cobertura. Genial, todo el fin de semana sin teléfono. Bueno, acudo a una máquina expendedora de tarjetas telefónicas, meto 10 euros, presiono la de "tarjeta de 10 euros y me dice que no hay. No hay tarjetas de 10 euros, pero tampoco botón de cancelar, así que la máquina se queda con mi dinero. Estupendo, 5 minutos en Bérgamo y ya la odio.

Cogemos el autobús que nos lleva a Milán, y aparecemos a la 1 de la madrugada en la plaza de la estación, que al estar cerrada nos obliga a permanecer en la calle hasta las 4:00 AM. Allí un policía nos advierte de la extrema peligrosidad de la zona, y pasamos, no es broma, las 3 horas, con un coche patrulla y uno del ejército vigilándonos, mientras el lumpen milanés nos mira de soslayo, enviando devez en cuándo un emisario, que era rápidamente ahuyentado por los amables militares. No hay nada de metafórico en este párrafo, y allí permanecimos 3 horas atrincherados 12 bilbaínos y un pollo de peluche junto a una farola.

Y esto es todo lo que vi de Milán

A las 5 de la mañana, por fin, cogimos el tren que nos conducía a nuestro taurino destino y en el tren caímos todos en un sueño profundo, turbado por la revisora reclamando nuestros billetes. Serían las 7 cuando arrivados a Turín, un taxi nos condujo a nuestro albergue, y a nuestra cita con la cama.

Tras un reparador sueño, aproveché para quedar con Óscar y Alicia, eventualmente residentes allí, e ira comer, de forma opípara y sorprendentemente barata a una exquista trattoria y luego un poco de turismo por la ciudad, antes de partir hacia el pabellón, que se supone que había una pachanga de baloncesto, o algo.

Mañana más.

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