martes, 7 de abril de 2009

Crónicas Turinesas (II)

Ale, a buscar a Wally

Ayer lo dejé en que en Turín había un evento de baloncesto, la final a 8 de la Eurocup, mayormente el motivo que originaba mi desplazamiento a la ciudad piamontesa, y aunque de los partidos en sí tampoco voy a hablar mucho, limitándome a decir que el viernes ganamos al Zadar croata (ex-equipo de Banic, que digo yo, tendría que haberse llamado Reyno de Navarra) y que el sábado perdimos contra el Khimkhi ruso, un verdadero equipazo, con jugadores de la categoría de Garbajosa o Delfino (aunque manda huevos que te elimine un equipo que se llama kinki), y donde la afición del Bilbao Basket dio todo un recital, ya que animamos al equipo, aplaudiendo también a los rivales y decorando la grada con cánticos y pancartas (aunque no faltó el típico anormal que es incapaz de separar política y deporte) Un torneo totalmente mágico, y especialmente emotivo el encuentro con los jugadores al acabar el partido.

De los demás partidos, hubo de todo; buenos y malos, partidazos y truñacos, pero sobre todo muchas sorpresas, con equipillos que eliminaban a favoritos y cosas así. Y también había por ahí alguna que otra celebridad del mundo del baloncesto.

Con el maestro Nacho Azofra

Pese a la escasa ocupación del pabellón, que en su mayoría estuvo desierto, la cita balonmcestística fue inolvidable, formar parte del grupo de zumbados que se desplazaron a Turín para animar a su equipo, aunando cánticos, risas e ilusiones.

Pero no todo es baloncesto en esta vida, también hubo un poco de turismo, tanto diurno como nocturno, aunque de esto último no mucho, ya que en tema de horarios Turín es una ciudad mayormente europea , no así en temas de conducir, donde los turineses son italianos de pura cepa. ¿Los semáforos? Órganos meramente consultivos. ¿Pagar el transporte público? Vamos, hombre.

Del diurno, pues la suerte quiso que el sol se dejara ver, y pudiéramos contemplar los edificios, esculturas y arte en general, y sobre todo andar, andar mucho, más que Frodo con el anillo, más que Moisés y sus acólitos, más que Óliver Atom para correr la banda.

Y todo esto sin olvidar, claro está, la gastronomía local, un argumento de peso para nunca bombardear Italia.

Megabrocheta de carne: 10€

El lunes, ya terminado el evento, tocaba regresar, y pudimos comprobar que de día Milán es bastante menos siniestro que de noche (a decir verdad, Marilyn Manson es menos siniestro que Milán de noche) aunque estuvimos poco, ya que rápidamente nos dirigimos al aeropuerto, donde tras una espera de un par de horas (la parte apasionante de viajar) cogimos finalmente el vuelo para Santander. Luego, una horita de coche, y por fin en casa.

El año que viene, si hay suerte, más y mejor.

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