miércoles, 11 de noviembre de 2009

De vuelta de Bergen (Noruega)

Panorámica de Bergen

De Bergen volví el lunes, pero entre una cosa y otra no he encontrado tiempo para escribir una entrada al respecto antes, pero como más vale tarde que nunca, espero que me disculpen mis fieles lectores (y también los eventuales) y disfruten de la entrada, que será convenientemente decorada con lo que muchos querrán: fotos.

Bergen, je t´aime

El viernes salí de Bilbao a las intempestivas 6:00 de la mañana, para coger un taxi que me llevara al aeropuerto, donde a las 7:30 partía el vuelo destino Frankfurt. Allí una hora, antes de embarcar para Oslo (donde pude ver el aeropuerto nevado) y aunque en teoría mi vuelo a Bergen salía a las 4 de la tarde, mis hábiles triquiñuelas me permitieron cambiar el bilete, ahorrarme 2 horas y aparecer en Bergen no a las 17:30 sino a las 15.15.

¿Qué es esa música? ¿Soy un Cylon?

Ese día, un paseíllo por el centro de Bergen, y a descansar al hotel, que madrugón y muchas horas de avión son matadoras, y el sábado tocaba día de actividad. Una visita al Fish Market, y subir a uno de los montes que rodean la ciudad.

Salmolicioso...

He mencionado el Fish Market, sí, uno de los más maravillosos inventos de esta ciudad, donde uno podía degustar auténtico salmón noruego, en varias modalidades, y donde también pude catar la carne de ¡ballena! Y claro, comprar un poco de salmón para adornar la nevera. Curiosamente, las transacciones fueron todas en castellano, ya que es sorprendente la cantidad de gente que conoce la lengua de Cervantes en tan nórdica ciudad.

Mejor tiempo que en Bilbao, oigan.

Otro tópico que se derrumbó fue el del frío. Cierto es que en Oslo vi nueve, pero como puede verse en la foto, llegó a salir el sol y todo, y hubo momentos en que daban ganas de quedarse en camiseta, no exagero.

¿Me he perdido?

Para subir a los montes había un funicular, que no podía evitar me recordara al de Artxanda, y que llevaba a unas vistas impresionantes de la ciudad, y un bosque con lago, que parecía de cuento de hadas. (El de la foto anterior)

Y para cenar, la nota graciosa en un lugar especializado en sopas, donde pude saborear una deliciosa "sopa de Rudolph", con setas, picante y carne de reno. (El picante explicaría el color de su nariz)

De postal

El puerto de Bergen era también una preciosidad, con esas casitas tan auténticas, tan de juguete, con esos tejados y esos colores, y un paseo muy agradable, aunque era curioso, cosa que tal vez en la foto no se aprecia, que estaban más torcidas que los dientes del Cuñao.

Pose regia.

El domingo, además del paseo por el puerto, y la imprescindible compra de souvenirs y recuerdos, pasamos por una especie de castillo que había, de la época hanseática de Bergen, y ya por la noche, un largo paseo de punta a punta de Bergen, con unas maravillosas vistas nocturnas, con las luces de las casitas decorando las laderas (no pongo foto, que salieron fatal y no se veía bien)

Y el lunes, infernal madrugón, levantarme a las 4:30, para coger a tiempo el autobús, llegar a las 6 al aeropuerto, para que luego el avión de las 7:10 no saliera hasta las 8:30 (el avión estuvo parado todo ese tiempo, para regocijo de los pasajeros que queríamos hacer trasbordo en Frankfurt) y llegué a la ciudad alemana con el tiempo justo de coger el avión de Bilbao, con la lengua fuera. Y luego, llegar a casa, físicamente reventado, pero con una sonrisa de oreja a oreja por un fin de semana de película.

NOTA: Algunos de los hechos o personas participantes en este fin de semana pueden haber sido intencionalmente omitidos.
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