lunes, 30 de noviembre de 2009

Sólo sé que no sé nada, o la prudencia de callarse ante la propia ignorancia.

Todo un ejemplo de ética periodística.

Vagas reflexiones, al hilo de cosas como ésta que ha pasado en Canarias, donde la noticia de un presunto* asesino enzalzaba las iras del populacho, que clamaba feroz con todo tipo de castigos y medidas cafres, propugnando penas capitales, mutilaciones o sodomías carcelarias, contra un hombre sospechoso de haber asesinado y violado a una niña de 3 años, vienen una serie de reflexiones.

En primer lugar, la palabra presunto, una palabra que se ha convertido en un epíteto vacío, en un cero a la izquierda, que se ha unido en el club de palabras sin valor a otras como "terminantemente" (¿o es que algo que está terminantemente prohibido está más prohibido que si solo está prohibido?), por cuanto que si en el telediario de turno sale un presunto homicida, para el espectador que en su casa gruñe enfervorecido, ya es un asesino.

No criticaré tanto las medidas que muchos iluminados proponían contra él, creyendo (dando por hecho, más bien) que era culpable, "que si habría que hacerle lo mismo a él, que si silla eléctrica, que si cortarsela y hacérsela comer...", porque bueno, cada cual sabrá qué opinión le merecen tales manifestaciones, sino al hecho en sí de los juicios paralelos y linchamientos populares.

Lo siento, no puedo con ello. No hay imagen que me repugne más que la de un acusado entrando escoltado por la policía en las dependencias judiciales mientras la turba enfervorecida le increpa y amenaza, y si les dejan, lo asesina (otros usarían "ejecutar", pero lo considero un desacertado eufemismo), y por supuesto, desde la más absoluta ignorancia de los hechos.

Está bien, acepto que a veces sabrán que es culpable, pero eso no cambia mi opinión sobre según qué medidas, como tampoco cambia el hecho de que quien desde el salón de su casa suelta toda la bilis no sabe la verdad. Y cosas como ésta lo demuestran. No tenemos el conocimiento, ni la forma de saber las cosas. Sé poco de Derecho, pero lo justo para saber que no me puedo meter a opinar de un procedimiento judicial abierto sin haberme leído el sumario, para saber que lo que me cuentan, al margen de que sea verdad, es sesgado o no, para saber que no importa cuántos informes médicos y periciales me lea, no os voy a entender, y me tendré que conformarme con creerme lo que me cuenten.

Luego pasan cosas como ésta, que sale un sospechoso y ahí van los acólitos de Charles Lynch a tomarse la "justicia" por su mano, a canturrear que si matar es barato, que si en 3 días en la calle, que les gustaría quedarse 5 minutos a solas con el asesino (entiendo que lo querrán atado y sedado), pero no se les ocurre decir "como no sé realmente qué ha pasado me abstengo de opinar, y que opinen y juzguen quienes están cualificados para ello". Y en fin, no seré yo quien defienda la infalibilidad de los jueces, e incluso puedo citar, como he citado en este blog, varios ejemplos de jueces que han opinado sin criterio, pero al menos ellos son profesionales de opinar y juzgar. Y felicito al espectador que desde el salón de su casa tenga acceso al sumario de todos y cada uno de los procedimientos penales, y cada uno de los informes médicos, así como al conocimiento de todos y cada uno de los hechos, pues eso le dará derecho a opinar.

Yo por mi parte, lo que sí opinaré es lo mucho que me crispan ciertas cosas. No las soporto. No pretendo, ni mucho menos, sentar cátedra, ni lo que pongo aquí es dogma de fe, sino más bien un desahogo literario.
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