lunes, 9 de diciembre de 2013

Plan de Escape

Sylvester, me aburro. ¿Nos vamos a masacrar un par de guardias?

Hay dos palabras que definen esta película: Stallone y Scwharzenegger.

Con esto ya lo he dicho todo, y es que en esta película dos de los tipos más duros de Hollywood retroceden 25 años en el tiempo para dar lo que prometen: una película de acción con muchas balas, héroes invencibles, fantasmadas por doquier, malos muy malos y una trama que no se molestan en estropear con un guión elaborado.

Stallone es Ray Breslin, un experto en fugas que dejaría en ridículo al propio Harry Houdini, cuyo trabajo es hacer de betatester en cárceles de máxima seguridad, para encontrar brechas de seguridad, y es contratado por una cárcel ilegal que es el no va más, una cárcel que nadie sabe dónde está, en la que están los presos más peligrosos, pero que van ahí sin juicio ni nada, y carecen de los más elementales derechos humanos (vamos, el sueño de Ruiz Gallardón), y que está regentada por el vil alcaide Hobbes (Jim Caviezel, que se queire vengar de las hostias que se llevó en La Pasión de Cristo), que no le va a dejar salir, ayudado por el cruel jefe de seguridad Drake (Vinnie Jones).

Pero con lo que no cuenta es con que ahí se hará amiguete de Emil Rottmayer (Arnold Schwarzenegger), otro preso que no debería estar ahí (un cliché del género carcelario, que los de dentro son muchas veces más decentes que los de fuera). Y como ambos son, además de duros, extremadamente listos, comenzarán a elaborar un plan.

Y naturalmente, es uno de esos planes ridículos en los que hace falta que los guardias de la prisión padezcan un severo retraso mental, y además es preciso que todas y cada una de las variables sean favorables a los protagonistas, con una completa suspensión de la incredulidad que permite aceptar, sin quejarnos que Stallone sea capaz de prácticamente hervir metal con una lupa, agua y un foco, y de cogerlo con sus manos desnudas. Con otro actor, el espectador se levanta y se va del cine, pero a Stallone se le permite. Se le permite en "Los mercenarios", aquí no iba a ser menos.

Y así unas cuántas, desembocando en las inevitables escenas de acción con muchas balas y mucha adrenalina, y en las que el director tiene claro que el espectador que paga por ver a Arnold Schwarzenegger, está pagando por verle desmontar la ametralladora de posición de un helicóptero y utilizarla a mano alzada, mientras Stallone agarrado a una cuerda coge una pistola al vuelo y mata malos a distancia. Esencia completamente ochentera, que es lo que busca el que va a ver "Plan de Escape".

Si en cambio lo que buscas es un thriller sesudo con un argumento elaborado, personajes profundos y un estudiado análisis sociológico sobre legalidad internacional y la realidad sobre el sistema penitenciario americano, probablemente deberías elegir otra película.

Como apunte final,tenía bastante miedo de ver cómo sería el doblaje de Schwareznegger al no estar ya Constantino Romero, y he de decir que salí gratamente sorprendido al ver que Héctor Cantolla es un muy digno sustituto.
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