jueves, 29 de enero de 2009

Aburrido

El gatito opositor

Estoy hasta las narices ya de las oposiciones, quiero que sea ya el puñetero examen, mi cabeza no da más de sí. Creo que lo llevo bien, y por eso no me preocupa. No me quejaré por eso, nunca me ha gustado mentir en ese aspecto, si lo llevo bien, lo llevo bien y punto. Como todo, luego podrá irme mejor o peor, sacaré la ansiada plaza o no. Pero si dijera que no llevo bien preparado el temario, o que me falta tiempo para estudiar, mentiría como un bellaco.

Pero quiero que sea ya el examen, he tocado mi techo, ahora siento que cuando estudio no aprendo nada, no porque me lo sepa todo (creo que eso es imposible) sino porque directamente me es imposible. Hay un límite, y tengo que dosificar antes del examen, no quiero ingresar en un psiquiátrico antes del mismo. Que una cosa es sufrir y hacer sacrificios en aras a un bien superior, y otra dejarse la psique en el intento.

Además, después del primer examen va el segundo, y a lo que realmente temo es al tiempo que pasa entre examen y examen. No voy a saber más el día del segundo que el del primero, y sí corro el riesgo de irme dejando cosas por el camino. Aprender cuesta un huevo, olvidar es facilísimo.

Quiero que sea ya, de una puñetera vez. Ahora poco puedo hacer que no sea tratar de no olvidarme de todo lo estudiado de septiembre aquí (que es mucho) pero tampoco me quiero desfondar. Esto, como ya he dicho, es una carrera de fondo, y si empiezas a esprintar antes de la cuenta, no llegas. Dosificar las fuerzas, dosificar las fuerzas.

Tengo ganas de acabar con esto, de volver a llevar una vida normal, retomar la piscina, las pachangas de baloncesto, salir los fines de semana, poder estar tranquilamente delante de la tele viendo una película sin pensar "ahora podría estar estudiando". Y bueno, a poder ser, con la oposición sacada, claro.

Y bueno, tras este desahogo literario, vuelvo al noble arte del estudio.
Publicar un comentario