jueves, 15 de enero de 2009

He sido...

Caracterizado para una partida

Más de una vez ha salido por aquí mi afición a los juegos de rol, y en alguna vez he comentado también mi preferencia por la modalidad del rol en vivo, que no consiste, como podría alguien pensar en ir apuñalando ancianitas en las marquesinas de autobús, ni en golpearse con un palo (aunque cierto es que el soft-combat, es decir, la esgrima con espadas de gomaespuma también suele ser a veces llamada rol en vivo), sino que es una actividad que, recogiendo la parte más puramente teatral de los juegos de rol, convierte al jugador en su propio personaje.

Al lector no familiarizado con el mundillo le será más fácil ponerse en situación explicando que un rol en vivo es como una dinámica de grupo como las que se puedan desarrollar en entrevistas de trabajo o terapias, o que es como una obra de teatro en la que los actores no tuvieran que ceñirse a unos diálogos prestablecidos y dispusieran de libertad de actuación. "Tú eres Hamlet, tú Ofelia, tú Laerthes y vosotros sois Rosencratz y Guildestern, y a partir de ahí, siendo coherentes con vuestro personaje y sus motivaciones, haced lo que os parezca".

A diferencia del rol convencional, el rol en vivo no suele tener reglas, tiradas de dado, etc... (y digo no suele, porque de todo hay), y la hoja de personaje suele, o debería ser, meramente descriptiva, con el historial del personaje, su forma de pensar, y habitualmente un objetivo que cumplir, aunque en muchas partidas resulta innecesario, ya que la propia partida da el objetivo. Si la partida va de un naufragio en un barco, no hace falta ser muy listo para saber que uno de los objetivos suele ser lograr acceder a una balsa, ¿verdad?

Bien, pues en estas partidas, y al más puro estilo canión de Sabina, he sido muchas cosas. He sido vampiro, he sido revisor de tren, héroe de película de terror, cosmonauta, comunista en Los Ángeles, espía del MI6, romano, maltratador (un personaje tan despreciable como interesante de interpretar), insolente hijo de mafioso, masón, orco, producto de la mente de un loco, hombre-lobo, promotor de boxeo, incluso fui pirata, no cojo pero sí manco, hijo del sheriff en un polvoriento pueblo del Far West, numantino, viajero en el tiempo, inquisidor, superhéroe... o el de la foto: Ronnie DJ, entrañable y cocainómano pinchadiscos.

Y por supuesto, también me ha tocado interpretar a personajes más o menos famosos (una vez fui Oppenheimer) y otros menos solemnes, como:

Emilio, el portero de "Aquí no hay quien viva"
Porque de absolutamente cualquier cosa se puede hacer una partida de rol, y la serie de moda del momento no iba a ser la excepción. "Un poquito de por favor", y la circunstancia de que en una partida jugada en Málaga, hiciera de andaluz el único bilbaíno de todas las jornadas.
La Bestia

No sé qué se fumaron los masters, pero yo quiero de eso. Éramos personajes de cuentos, en una visión muy particular de los mismos, donde Peter Pan era un psicópata que tenía aterrorizados a Wendy y Garfio, Bella quería comerse a los Tres Cerditos, y el Lobo Feroz era el padre de Caperucita. Pero final feliz, y la Bestia vivió para siempre en su castillo, con la encantadora... Cenicienta.

Ron Wesley, de Harry Potter

¿Puede haber alguien que se parezca físicamente menos que yo a Rupert Grin? La partida fue un cachondeo, aunque bastante floja, ya que la trama era inexistente y hacer el memo acababa cansando. Aunque ver a Rosendo hacer de Harry Potter (otro al que el papel le pegaba tanto como a mí) no tenía precio.
Rimmer: Enano Rojo
Enano Rojo era una comedia británica de los 80, parodia de Star Trek, que fue emitida en España, y que yo no había visto, y es todo un desafío interpretar a un personaje que no conoces, y que encima es un holograma. Pero parece que no conocer la serie no fue un impedimento para clavar al personaje, a juzgar por lo que decían los demás jugadores. Aunque ese "eras igual de coñazo que el Rimmer de la serie" no sé cómo tomármelo...

De Donnie Darko
Y bueno, ser un conejo gigante imaginario... mi cerebro se salía por las orejas al leer la ficha de personaje.
Stannis Baratheon, de Canción de Hielo y Fuego

Decir que la partida era de Juego de Tronos sería faltar a la verdad, ya que el que la escribió ni siquiera se había leído los libros en que se basaba, así como la mayoría de los jugadores, y el cúmulo de patadas a la obra de GRR Martin era tal, que Stannis acabó renunciando a su corona e incorporándose a la Guardia Negra, no sin antes convertirse en amante de la pérfida Cersei. (Para quienes no hayan leído las novelas, aclararé que decir que Stannis odia a Cersei sería un suave eufemismo).
Zapp Brannigan: Futurama

¡Oh, sí, nena! Zapp ha venido aquí a impartir su justicia. El gran almirante intergaláctico está aquí, para satisfacer a la sensual Leela.

Hacer de gilipollas... no tiene precio.
Homer Simpson

Sí, de Los Simpson también hubo partida, y fui el sin par, el único. Divertidísimo, hacer el Homer es una terapia más que recomendable, y como muestra de la partida aportaré dos homerismos jokinianos vertidos durante la partida.

NELSON MUTZ: Señor Simpson, me ha engañado, su hijo Bart lo va a pagar muy caro.
HOMER: ¡Yuhu, paga Bart!

O esta otra,

MARGE: Homer, no quiero que vayas por ahí regalando dinero a los desconocidos.
HOMER: Pero Marge, tú regalas dinero todos los domingos en la Iglesia.
MARGE: ¡Se lo estamos dando a Dios!
HOMER: Pero Marge, Dios ya tiene mucho dinero, es más, podría hacerse su propio dinero si quisiera.

Sigue aquí.
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