sábado, 28 de marzo de 2009

En puestos de pole (8,95)

Tengo miedo de celebrarlo todavía, que a veces la victoria puede escaparse

Al fin, se acabó la pesadilla. Aproximadamente a las 10:00 entregaba un sorprendentemente fácil examen, un examen en el que no había preguntas insultantemente fáciles como en el primero, pero que no era muy complicado, sino más bien asequible.

Rápido e indoloro. Puede que haya tenido alguna mal por cagaprisas, pero me conozco, y en un test la experiencia me ha enseñado que lo mejor es poner lo primero que me pase por la cabeza, y que sea lo que tenga que ser. Un examen fácil, con la impresión de que habrá notas muy altas.

Rápido e indoloro, a las 13:15 llegaba el SMS, cuando ignorante de que podía ser, un 8,55 invade mi móvil. Alegría contenida, aún no sé si eso es bueno o malo, pero suficiente para sumar los 18 puntos (saqué un 9,48 en el primero) donde creo que estará el corte.

Poco después llega otro mensaje, con un 8,95. Suena bien, pero hace dudar, ¿habrá más vaivenes? En todo caso, siempre es positivo. Hablo con compañeros, algunos con más suerte que otros, pero en todo caso sin saber dónde estará el tema, pues la gente en general tiene bastantes buenas notas.

Publican las listas, donde realmente está lo que vale, la posición relativa. Me miro y estoy... ¡el 29!

El 29, siendo 91 plazas. Obviamente no es garantía de nada, pues puede haber impugnaciones, y no estaré tranquilo hasta que suene el silbato final, que todavía hay partido, pero mentiría si no dijera que estoy donde quería estar, en una posición que bien habría firmado ayer, hace una semana, o 7 meses.

El oso no ha sido cazado, y no puedo vender su piel, no sería lo más sensato, pero está en el suelo, con un humeante agujero de bala. Las sensaciones son ambiguas, ya que el esfuerzo ahora es por contener la euforia. El miedo a perder lo que tengo ahora mismo en la mano, dado que con la nota actual sería ya funcionario de carrera, y las ganas de cantar esta canción:

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