Una misión para Pacino y Mendieta.
No miento si digo que esta película me llamaba, por su temática, bastante poco la atención, y que si fui a verla es porque ayer se estaba fresquito en el cine. Pero también es verdad que dentro de eso me gustó, ya que es bonita y con su punto emotivo.
La cosa va de Guille, un niño que vive con su padre Manuel, desde que este separara de su madre. No sabemos cómo ha sido la cosa, pero algo malo ha pasado ahí y Guille parece tener algún tipo de trauma, y no ayuda que su padre se comporte como un gilipollas que no termina de entender y aceptar a su hijo tal y como es.
Cuando en el colegio detectan que algo pasa, derivan a Guille a la educadora del centro, María, que empezará a entender mejor lo que está pasando, y la película opta por una manera bastante inteligente de contar las cosas, haciendo que al final lleguemos con cierto apego por los personajes y mostrando que si se ve con perspectiva las cosas son distintas, los malos no son tan malos y la importancia de la comunicación en el duelo.
No era la película que más me llamaba, pero quedo plenamente satisfecho con ella.
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