De vuelta en casa, tras un fin de semana de rol, convivencia, mamarracheo y galletas. Las Jornadas Oniria son un evento que ya va por su quinta edición, en el que nos juntamos en un albergue para organizar un campeonato de balón prisionero y ya de paso jugar a rol en vivo.
El viernes el viaje en coche fue un poco accidentado y salió con retraso, pero a cambio el conductor me llevó hasta el aeropuerto, así que bien por él. Allí esperé al amigo Alex, que venía de Bruselas, cogimos el coche de alquiler y a San Rafael.
Unas compras, acreditaciones, saludos y a cenar. Por la noche la primera partida: Aquello que fuimos, una preciosa historia sobre segundas oportunidades en una bucólica isla de la Grecia de finales del S. XIX. Acabamos casi a las 5, así que de la misma me voy a dormir.
El sábado por la mañana desayuno, me ducho y voy a EL evento. El torneo de balón prisionero al que ya, como tradición autocumplida asisto en calidad de patrocinador y hago entrega a los ganadores de una caja de mis ya célebres galletas.
Por la tarde jugamos All in, una historia de gangsters muy a lo Los Soprano y por la noche Damnatio Memoriae, la historia de Geta y Caracalla en la que yo soy Plautiano. No terminamos demasiado tarde, así que me cambio de ropa y voy a la zona de fiesta, pero demasiado ruido, demasiada gente y después de quedarme un rato charlando fuera me voy a dormir.
Ya del domingo poco que destacar. Ducha, desayuno, hacer la maleta, ceremonia de clausura, comer, despedidas y al coche que me lleva a Madrid. Allí hago un poco de tiempo hasta que viene el Blablacar (que sí llega a la hora) y a eso de las 20:30 ya estaba en casa, dándome una ducha.
Geniales las jornadas. Ahora tengo un año para ver cómo supero el mamarracheo galletil.

