sábado, 31 de agosto de 2019

Miniescape room jurásica

Hemos liberado el huevo.

Ayer, aprovechando mi visita a Ikea, fui también a Leroy Merlin a por una barra de armario, y al llegar a casa vi que pese a que en la etiqueta ponía "80 cm", era realmente de 77 y no me valía. Eso ha hecho que tuviera que volver a cambiarla y coger otra, pero como había demasiada gente he optado por ir al de Artea, donde después de comer nos hemos encontrado con unos amigos que estaban trabajando allí, con la minisala de escape de temática dinosaurios que había como parte de la exposición sobre ese tema. Eran dos salitas pequeñas, con acertijos realmente sencillos, para los que daban 6 minutos y en ambas nos han sobrado más de la mitad, de modo que salimos con la cabeza bien alta y la sensación de logro, lo que cuando se es un zopenco con los puzzles es bien agradable.

viernes, 30 de agosto de 2019

Nuevo plantón cocinero

La planta rodadora es la única que vino ayer.

Contento me tiene Ikea. Allá por julio me montaron la cocina, pero como uno de los armarios no era de la medida adecuada y el filtro de humos estaba torcido, se hizo la incidencia para que vinieran a hacer el remate. Esto debía haber sido el martes pasado, cosa que no sucedió. Lo contaba aquí.

Tuve que llamar otra vez y me dijeron que es porque ese día no había dado tiempo, de modo que me iban a dar otra cita cuanto antes, pero que provisionalmente me reservaban el 29 (ayer). No volví a saber nada ellos.

Era el 29 y nada de cita adelantada, por lo que llamé (y no es fácil bucear por la burocracia telefónica de Ikea) y me dijeron que sí, que tenía para ayer, que me irían a lo largo del día, de 9 a 18 (¡toma precisión!). 

Las 10, las 11, las 12... y me llaman, pero para retirar las cosas que sobran. ¡Mal! Tienen que venir a instalar, estos zotes se han vuelto a confundir. Llamo y me dicen que no, que está correcto, que irán a lo largo del día y me llamarán una hora antes. Las 13, las 14, las 15... vuelvo a llamar, me dicen que sí, que está en ruta, que no me preocupe, que van fijo. Las 16, las 17, las 17:30... nadie ha llamado. Vuelvo a llamar, me dicen que si está en el parte es que van, y que si no han llamado es porque no es obligatorio. Las 18, las 18:30... Llamo de nuevo y me dicen que no consiguen contactar con el instalador, que lo máximo que pueden hace es darme otra nueva cita... para el 10 de septiembre. Que entienden mi enfado, pero que no pueden hacer otra cosa.

Viendo el percal, me voy en persona a Ikea y les explico mi situación. Me atienden con bastante amabilidad, todo hay que decirlo, y por fin consigo que me digan que me irá alguien a las 8:30 de la mañana del lunes y que mirarán si me pueden devolver el dinero del porte y el montaje. A ver si es cierto. 

El lunes sabré si es verdad y cumplen con lo prometido, porque ya han sido dos los incumplimientos y encima sin avisar, por lo que hoy estaba que les quería quemar el chiringuito. Mala idea poner los armarios de la cocina con Ikea, desde luego.

jueves, 29 de agosto de 2019

Historias de miedo para contar en la oscuridad

El simpático espantapájaros.

Noche de Halloween. En un pueblo repleto de tópicos de la América profunda de los años 60, un grupo de chavales, los inadaptados de la clase, se mete en una casa encantada, donde encuentran un libro perteneciente a una siniestra figura del pasado del pueblo, y ese libro está maldito: cuenta historias de terror, que se acaban cumpliendo, sin que tengan además forma de librarse del puñetero libro.

Esa excusa sirve para hacer una simpática película de terror con sabor añejo de las películas de terror de efectos especiales y susto, me recordaba un poco a las de Creepshow, aunque con una unidad argumental, pues pasa todo en el mismo pueblo y compone una misma historia.

Visualmente se nota la mano de Guillermo del Toro, sobre todo con algunos de los monstruos que salen, que resultan verdaderamente perturbadores, y en general aunque quizás no sea una gran película, he de confesar que sí que me hizo pegar algún que otro respingo en el sofá, y tiene sus sustos, así como una importante moraleja: no es una buena idea esconderse debajo de la cama.

miércoles, 28 de agosto de 2019

Caylus

Felipe IV de Francia te mira mal si no construyes.

Caylus es uno de los mejores exponentes del género de los eurogames, y un juego de estrategia con bastante solera, que tiene ya sus años.

Ambientado en la Francia del S. XIII, Caylus nos pone en la piel de constructores que tienen que ir creando edificios, cosechando recursos y ayudando a levantar el castillo, para hacerse con el favor del Rey.

Partida de Caylus.

De 2 a 5 jugadores, cada uno cuenta con 6 cilindros (representan trabajadores), 7 discos y varios marcadores de casa, además del dinero y los recursos que irá obteniendo. De inicio cuentan con 2 cubos rosas (comida), un cubo marrón (madera) y una cantidad variable de monedas (el primer jugador 5, el segundo y el tercero 6, el cuarto y el quinto 7). 

Hecho eso, se despliegan en las casillas iniciales los edificios neutrales (cuadrados rosas) y se empieza a jugar: cada jugador gana dos monedas (más las que le generen los edificios verdes o azules que vaya construyendo) y se empieza a jugar, colocando trabajadores en el mapa. Concretamente, en los edificios (neutrales, especiales, fijos o de los jugadores) o en el castillo. Para esto paga una moneda, suponiendo que ningún jugador haya pasado (luego explicamos lo de pasar), y salvo que se indique lo contrario, solo un trabajador por edificio.

Así se va haciendo en orden, hasta que todos los jugadores han pasado. Importante: el primer jugador que pasa gana una moneda (pero una vez pasas, ya no colocas trabajadores esa ronda) y tiene el efecto de que a partir de ahí, colocar trabajadores cuesta dos monedas (tres si pasan dos jugadores, cuatro si pasan tres, etc.). Así hasta que todos los jugadores han pasado.

Una vez todos han pasado, se pasa a activar, siempre en orden, los edificios especiales.

Tablero.

Procede explicar los edificios especiales, que en la imagen son los marcados con el 9. Están, en este orden las puertas de la ciudad, que permiten asignar el trabajador que se haya mandado ahí a cualquier edificio libre o al castillo (o comértelo con patatas si no hay dónde ponerlo); el comercio,  que da 3 monedas a quien lo active, el gremio mercantil, que permite mover al preboste (el disco blanco, cuya importancia explicaremos más adelante) tres casillas hacia delante o hacia atrás; el campo de justas, que pagando un recurso de tela y una moneda nos permite ganar un favor real (importante concepto que luego se va a explicar), los establos, que cambian el orden de turno (sirve par ganar la iniciativa, vaya) y la posada, que explicado en fácil, sirve para que mientras tienes el trabajador ahí, siempre pagas una moneda por poner trabajadores, aunque haya jugadores que han pasado (a costa de tener un trabajador menos). 

Luego iría el puente, donde en el orden en que pasaron, los jugadores pueden pagar hasta tres monedas para hacer avanzar y retroceder al preboste.

¿Y qué sentido tiene esto? Explicación breve: todo edificio que esté más adelantado que el preboste, no se activa aunque tenga un trabajador encima. Esto significa que los edificios recién construidos pueden ser más poderosos, pero también menos estables.

Dicho eso, pasamos a activar los edificios, que básicamente son de ganar recursos (canteras, serrerías, granjas, telares...), de comerciar (recursos por monedas o monedas por recursos, según el edificio) o de edificar. 

Para edificar, además de activar un edificio que nos lo permita, tenemos que pagar el coste de lo que queramos construir. Cogemos el edificio que podamos hacer, lo colocamos en la primera casilla libre del camino, ganamos los puntos de victoria que marca y le ponemos un edificio de nuestro color para marcar que es nuestro. Esto es importante porque cada vez que alguien pone un trabajador en un edificio nuestro, ganamos un punto de victoria, se active luego o no.

Para construirlo hay que activar un edificio que permita hacer grises y gastar piedra (gris) y tela (violeta). Construirlo nos da además 6 puntos de victoria.

Edificios los tenemos de madera (marrones), de piedra (grises), que son más potentes; residenciales (verdes) que se colocan sobre los neutrales y sirven para ganar más dinero y de prestigio (azules), caros y difíciles de construir, pero con enormes beneficios.

El castillo

Como decíamos, una de las acciones a las que podemos dedicar nuestros trabajadores es a construir el castillo. Una vez se han activado todos los edificios, se pasa a la construcción del castillo. Ahí, en el orden en el que se han colocado, cada jugador pone tantas piezas de castillo como quiera y pueda pagar, siendo el coste de cada pieza tres materiales distintos, de los que uno debe ser comida (rosa). 

Vivo con tu...

Como se ve, el castillo está dividido en tres secciones; mazmorras, muralla y torres, y se empieza a construir siempre desde la izquierda. Cada pieza da, en el momento de colocarla, puntos (5 en mazmorras, 4 en murallas y 3 en torres), y como se ver, los huecos son limitados. Esto significa que cuando se completa una sección ya no se puede construir más ahí, por lo que las que se pongan irán a la siguiente. Importante: si has hecho la acción del castillo y no quieres o no puedes poner pieza, te llevas 2 puntos negativos por listo. Además de eso, el que más piezas haya puesto ese turno en el castillo, gana un favor real.

Que el castillo se vaya llenando tiene además dos implicaciones importantes. Una es que a medida que se va haciendo, habilita la opción de coger mejores favores reales (aquello que comentábamos de las justas) y que cuando se llena del todo, completando las torres... se acaba la partida. Pero además, cuando se completa una sección se mira quiénes han puesto piezas y se ganan recompensas (en forma de favores reales) o castigos (-2 si no has contribuido a que su majestad tenga su castillo).

Y ahora, siguiendo con el turno, avanzamos el comisionado (disco gordo blanco) y reajustamos el preboste para que estén juntos. Esto puede hacer, si el comisionado llega a alguna de las casillas que así lo indica, que se tenga por terminada una sección del castillo, aunque queden huecos.

El favor real

Un concepto al que nos hemos referido antes, y que es muy importante, es el de favor real. Consiste en ir avanzando en una tabla, cuyas filas son distintos tipos de recompensas y las columnas el valor de las mismas. Se entiende mejor viendo la tabla.

Cada jugador va avanzando en cada una de las filas.

Cada vez que ganas un favor real, avanzas uno de tus cubos en una de las filas, la que elijas, y ganas la recompensa de esa casilla o una anterior (en el caso de las dos superiores no tiene mucho sentido, pero en las dos de debajo puede tenerlas).

a) Ganas esa cantidad de puntos de victoria
b) Ganas esa cantidad de monedas
c) Ganas ese recurso
d) Construyes un edificio sin cumplir todos los requisitos

Se ve también arriba que hay iconos que marcan que el castillo tiene que haber avanzado algo, de modo que si se están haciendo las mazmorras no se puede acceder a la 3ª columna, y lo mismo pasa con la 5ª columna y las murallas.

Fin de juego

Aquí me repito un poco para explicar que el juego se termina cuando se termina de construir el castillo, bien porque se han colocado todas las piezas de las torres o bien porque lo dice el comisionado, llegando a su última casilla del tablero. En ese momento se cuentan los puntos de edificios, recursos (uno por cada oro y uno por cada tres de los demás) y monedas (uno por cada cuatro) y el que tenga más gana.

Pese a lo extenso de la explicación es un juego realmente sencillo de jugar, aunque complejo de dominar.

martes, 27 de agosto de 2019

Los Goonies

Evocador a más no poder.

Tengo el recuerdo de haber visto esta película de niño en un cine de verano y algo más mayor (pero aún niño) en el autobús volviendo de una excursión escolar. Y no la había vuelto a ver, creo, desde entonces, de modo que no me acordaba de prácticamente nada, salvo una cosa: la sensación de haber disfrutado mucho viéndola.

Así que, aprovechando que la reestrenaban en el cine y tenía la tarde tonta, me acerqué a verla, con la mezcla de sensaciones entre la ilusión y el miedo (hay cadáveres que es mejor no desenterrar y a veces los iconos de la infancia nos decepcionan cuando los revisitamos), pero a ello me puse. 

Salvaban la prueba holgadamente, y es que aunque tampoco la iba a ver con los mismos ojos que cuando tenía (¿la vi con 7 años?), pues sí que la disfrutaba, saboreando ese sabor añejo de película de aventuras que empieza en lo más alto, con la trepidante fuga de los Fratelli a ritmo de una pegadiza banda sonora. Luego sonreía de oreja a oreja cuando me volvían a presentar a la pandilla (especialmente gracioso en el caso de unos jovencísimos Sean "Samsagaz" Astin y Josh "Thanos" Brolin) antes de que se introduzcan en ese desván, para volver a descubrir el misterio de Willy el Tuerto.

Pues eso, que mola, aunque hay cosas de las que en su día no era consciente y que me arqueaban la ceja, como el cutre recurso de convertir en "italiana" a Rosalita, que obviamente era hispana en la versión original, pero como traducían el "no sabe ni una palabra de inglés" por "no sabe una palabra de castellano", cambiaban español por italiano, haciendo así que el mapa del tesoro estuviera... en italiano.

lunes, 26 de agosto de 2019

Infierno bajo el agua (Crawl)

Como Sharknado pero con cocodrilos.

Película de serie B para pasar una tarde de verano. No podemos pedir peras al olmo, por lo que "es una patata de película" se deduce de contexto, cosa que aclaro por si en algún momento al hablar de sus virtudes (alguna tendrá) parece otra cosa. Porque virtudes tiene, entre ellas que como no esperaba nada de ella, la posibilidad de decepción era nula.

Esto va de que hay un tremendo huracán en Florida y una experta nadadora se va a buscar a su padre, para encontrarse que está herido en el sótano, y con las inundaciones ese sótano se ha convertido en el festival de los caimanes, por lo que se enfrentarán en una agobiante y claustrofóbica carrera por la supervivencia en la que los reptiles y en creciente nivel del agua se convierten en una trampa mortal.

O se convertirían si no fuera porque la protagonista es, además de una experta nadadora, literalmente anfibia (o es rubia y por eso se le olvida respirar) y tiene las extremidades de acero, así como el factor curativo de Lobezno, pues hasta tres veces conté que le mordieran de pleno los caimanes y apenas le hacían rasguños. Y a ver, entiendo que si lo hacen realista y la primera vez que el bicho le muerde la pata y la arrastra se queda con la pierna en la boca, la película dura 15 minutos, pero si cada vez que se lleva un bocado se quede como si le hubiera mordido una ardilla con gingivitis, la sensación de peligro se desvanece bastante.

Le acompañan también el fiel perrete (complemento ideal para sobrevivir en películas de terror) y su padre, otro superhombre que es capaz de recolocarse, a lo McGyver una tibia fracturada con un cinturón y una llave inglesa. Un hombre de los de verdad, cuya tolerancia al dolor le permitiría arrancarse los pelitos de la nariz sin siquiera torcer el gesto.

¿Cosas buenas? Dentro del despropósito que podría ser, y salvada la completa falta de sensación de peligro (el bicho es un terrible y letal depredador que mata de un mordisco solo si eres un personaje sin nombre), pues hay escenas en las que la tensión está bastante bien llevada, y metiéndose en el pantanoso terreno de hacer una película de serie B sin hacerla de cachondeo ni hacer el ridículo, pues bueno, mantiene el tipo.

Ahora, que si no la hubiera visto tampoco la estaría echando de menos.

domingo, 25 de agosto de 2019

Crónicas astenagusieñas

Comida del miércoles.

Termina la semana grande de Bilbao, esa que dura 9 días, y una buena forma de reflejarlo es haciendo que la entrada de resumir el fin de semana incluya la semana entera, de modo que cuando lea esto en el futuro me pueda acordar de lo que hice, con un resumen sinóptico de lo que ha sido esta semana en la que de fiesta he salido poco, pero eso no significa que no haya hecho nada.

Sábado: Empezaban las fiestas, pero yo no estaba ahí para verlas, ya que ni siquiera estaba en Bilbao, sino que estaba en Huarte, en las Umbras.

Domingo: Llegué a Bilbao para comer y estuve haciendo un poco de nada hasta la noche ir a ver el monólogo de Goyo, luego una rápida vuelta para ver las txoznas y a casa.

Lunes: Por la mañana en casa para recibir muebles de cocina y fregaplatos, por la tarde turno de barra y actuación teatral. Me retiré poco después de terminar el turno, que quería estar bien el martes.

Martes: Día prácticamente perdido, esperando en vano al instalador de la cocina. Al menos recibí la visita de Víctor y Diego, a los que pude enseñar el maravilloso sofá. Cuando por fin asumí que no iba a venir, me fui a la lonja, donde pude jugar una partida al Mysterium. Ese día ni salí.

Miércoles: Fue plan diurno. A eso de las 13 quedamos en Moskotarrak para potear y luego a comer, en un sitio llamado "El depósito". Una divertida sobremesa, llena de risas y rodaballo al ralentí, que se prolonga hasta casi las 20:00. De ahí me voy a la lonja, donde juego una partida al Not Alone y como no me apetece salir, voy al cine a ver Rojo.

Jueves: Por la mañana aprovecho para hacer compras, y entre vaguear y ver capítulos de Euphoria se me va medio día. A eso de las 20:00, aunque no me tocaba, me bajo a la txozna a echar una mano con el turno, que acaba siendo muy productivo y logramos una de las mejores recaudaciones que recuerde en años. Al terminar, como estaba cansado (me había levantado a las 8 de la mañana) y hacía algo de fresco, me fui pronto.

Viernes: Ese día bajo y vuelvo varias veces del recinto festivo. La primera, comida en la txozna con la gente de Arbolantxa. Luego voy a la lonja, donde juego (y gano) una partida de Root, para volver a bajar, pues tenía cena con el grupo de Casaiñigo, pero cuando se van a ver los fuegos, me entra la pereza y me vuelvo a casa. Sin embargo, a eso de las 23:00, aburrido en casa, vuelvo a bajar, y aunque no tardo mucho en marcharme, acabo saliendo un poco de fiesta.

Sábado: Sin mucho que reseñar de la mañana, por la tarde me voy al cine a ver Infierno bajo el agua, y al salir me encuentro con la convocatoria "venid, hay poca gente" y acabo haciendo turno de barra otra vez, con bastante más gente pero menos dinero que el jueves (y mucho jovenzuelo, por lo que acabo pidiendo más veces el DNI que en el trabajo). Luego, aunque mi intención era la de salir por ahí, me encuentro con unos amigos y estamos de charleta hasta pasadas las 4, por lo que me acabo yendo directamente de la txozna a casa.

Domingo: El tema de dormir se me va un poco de las manos y me levanto a las 13:00. Para no perder del todo la mañana desayuno y me voy a nadar, a las nuevas piscinas de San Mamés. Maravilloso momento de microfelicidad cuando me doy cuenta de que tengo toda la piscina de chorros para mí solo. Por la tarde me voy al cine, a ver Los Goonies (que como la vi hace 30 años no me acordaba de prácticamente nada), y como no localizo a nadie en la lonja, pues vuelta a casa. 

Eso ha sido más o menos mi semana grande de 2019.

sábado, 24 de agosto de 2019

Desde la txozna

La fiesta vista desde dentro.

Tiene su guasa que en mi día a día, para ganarme la vida me dedique a estar en un puesto de atención al público y luego en mi tiempo libre haga lo mismo, pero emborrachando gente.

Y hoy en principio no tenía turno, siendo mi intención la de acercarme simplemente un rato, pero como a primera hora de la tarde había poca gente y me han indicado, así que aquí me he venido.

Lo bueno, que es el turno que hago rodeado de amigos, y que como nos juntamos unos cuantos, el trabajo se hace muy llevadero. Así que aquí estaré hasta la 1 y luego, pues lo que permita el cuerpo. Que a decir verdad, suele ser bastante poco permisivo en temas de fiesta, y este año he salido realmente poco.

viernes, 23 de agosto de 2019

Euphoria

Zendaya se fue de fiesta a Pinpilinpauxa.

Movido por las excelentes críticas, algunas de las cuales la catalogaban como serie del año, me animé a dar una oportunidad a esta serie que, pese a sus indiscutibles virtudes, me ha dejado un poco frío, especialmente su final.

Me recuerda un poco (un poco bastante) a una mezcla entre 13 reasons why mezclado con Sex education, toques de Skins y muchas luces de neón. En ella se tratan, creo que con bastante acierto, temas como la salud mental, la diversidad sexual (diversidad y cantidad, que esta vez la HBO se ha quedado a gusto), las relaciones de pareja abusivas, las drogas o la transexualidad, mostrándonos desde dentro cómo se ve, y creando personajes bastante creíbles, o cuando menos humanos y en absoluto planos.

Lo que sí me pasa, cada vez que veo una de estas series de instituto, es que me pregunto qué narices hice yo con mi adolescencia, porque ni drogas a cascoporro, ni orgías, ni fiestas con piscina. Asumiremos que esa parte es ficción.

No diré que no sea una buena serie (sí que me parecen exageradas las críticas ensalzándola) pero no me ha terminado de entusiasmar, si bien le reconozco que terminaba un capítulo y no me daba pereza ver otro (8 capítulos en 5 días), pese a que no siempre conseguía captar toda mi atención.

Donde sí estoy de acuerdo con las críticas en ensalzar el fabuloso trabajo de Zendaya, que se marca aquí un papelón digno de mención y merecedor de todo halago que se le haga, llenando la pantalla cada vez que sale. 

jueves, 22 de agosto de 2019

Rojo

Verde para los amigos daltónicos.

Argentina, 1975, con un país a punto de irse a una de las épocas más negras de su Historia, y en ese contexto un hombre extraño comienza a montar un espectáculo en un restaurante, cuyas trágicas consecuencias lastrarán la hasta entonces tranquila vida de un reconocido abogado de la ciudad, que tendrá que convivir con la culpa y el secreto.

El planteamiento bien, y la primera escena maravillosa. De hecho, si de algo puede presumir esta película es de contar con escenas muy potentes. También cuenta a su favor con mostrar un retrato costumbrista de la época que al menos visto desde fuera resulta bastante creíble.

Pero no tiene más que eso, pues en el fondo se convierte en una sucesión sin demasiado sentido de escenas inconexas que pasan, abriendo líneas argumentales que no se concretan en nada, dando la sensación de ser un viaje que lleva de ningún sitio a ninguna parte, siendo simplemente su propuesta la de subir a un coche e ir mirando por la ventanilla las cosas que pasan, hasta que simplemente, en un momento tan apropiado o inapropiado como cualquier otro, se termina y ya está.

Entiendo que buscaban hacer un thriller costumbrista, pero así como lo segundo sí va bien, para lo primero hace falta mucho más que liarse a hacer preguntas sin respuesta y dejarlas abandonadas, moribundas, en un desierto.